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LAKASTAGNER

DONDE ESTÁN LOS LÍMITES? (1)

DONDE ESTÁN LOS LÍMITES?  (1)

Por: Joel Lachataignerais Popa

         jlpopa@enet.cu y joecklouis@gamil.com

 

 

Voy a contarles una breve historia personal que se proyecta en el espacio, con un poco de pasado y presente, y mucho de futuro.

I

Íbamos mi papá, Luis Felipe Lachataignerais Calderín y yo por el viejo callejón que conducía desde la finca “La Yaya”, hacia una bodega situada algo distante. Como siempre le embriagaba con las preguntas.

¿Papá: de quién era La Yaya antes?, le pregunté apenas avanzamos un trecho del irregular y polvoriento camino de inmensas piedras amarillas: De un señor que se llama Fermín, respondió rápidamente.  Acto seguido vino otra pegunta:

¿Se la compraste a él? Y papá respondió que sí y agregué una más ¿En cuanto te la vendió?, creo que me dijo CIEN PESOS.

Hice silencio unos minutos para  preguntarle: ¿Quién?,  antes de Fermín era el dueño, y entonces me miró, como inquiriendo que no le hiciera mas preguntas, sobre todo, difíciles. Pensó un poco y me dijo otro nombre: ahí mismo volví a preguntar, pues quería saberlo, y él se detuvo, me sentó en una piedra a su lado y me volvió a repetir las repuestas: La Yaya era la finca  de Fermín, yo se la compré y él se la había comprado a un español, de quien no sabía su nombre, y que eso era todo lo que podía decirme.

Volví a preguntar: ¿Quién era el dueño antes que Fermín?

Entonces vino una repuesta sólida, sincera y breve: “Los indios”.

Confieso que aquella respuesta me pareció más bien algo para contenerme y no le dije más nada del tema, a fin de cuenta él mismo era mi maestro de cuarto grado y cuando pasaran las vacaciones le podría volver a hacer la pregunta.

Pero  mi tío Carlos, que podría  también responderlas, fue el siguiente consultado, y me dio otra respuesta: La compró a Fermín, y éste a un español… pero la Tierra no es de nadie, por eso tu papá te dijo que a los indios, pues en definitiva los nativos originales tenían el derecho a esa propiedad.

Y comencé a pensar en ello. Después vinieron otros grados, aulas y maestros. Volví a “La Yaya” unos años más después de 1959, cuando se firmó la Ley de Reforma Agraria y la Tierra comenzó a entregarse a los dueños legítimos: Los campesinos. Y papá vendió aquellas tierras a una institución estatal que fabricaba jugos de mango.

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