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LA PELOTA: ESA PASIÓN

LA PELOTA: ESA PASIÓN

Por: Joel Lachataignerais Popa          

 jlpopa@enet.cu  joeklouis@gmail.com

 

Aunque me digan que el fútbol es lo máximo, prefiero la pelota, el béisbol, o baseball. No sólo porque a los cubanos nos guste tanto, es que me resulta aburrido el ‘corre – corre’ que se arma durante largo tiempo detrás del balón y a veces termina con un incomprensible resultado de empate. Además, es insoportablemente violento y a la vez influye egoísmo y falsa superioridad. Claro, también honor y gloria. No lo niego. La pelota no, la pelota es la pelota, sobre todo en Cuba.

Entre las actividades que más entretiene a los niños cubanos se encuentra la ‘pelota’, ese deporte que aprendí a leer en inglés BASEBALL y que realmente sería algo así como decir base bola. Con mi hermano Edel y teniendo como público a mis hermanas Isel y Dubel, Zenaida, mi madre y Luis Felipe, mi padre, utilizábamos el patio de las casas – según donde estuviésemos – y allí dábamos la voz de ‘play ball’, es decir: ¡a jugar!.

A veces teníamos una pelota de goma que ‘Santa Claus’ disfrazado de papá nos dejaba en algún lugar de la habitación que ocupábamos para dormir. En oportunidades en la finca santiaguera, entre las lomas que esconden la bella ciudad del Oriente cubano, alguien nos prestaba una pelota que fabricaban utilizando un corazón de cuero al que le situaban envuelto en redondo fibras de hilo duro y luego forraban con ‘esparadrapo’: eran realmente buenas y duras pelotas; pero en muchísimas ocasiones usábamos recortes de ‘tuza’ de maíz, es parte dura donde se alojan los granos, que alguien  -el tío Carlos, por ejemplo- se encargaba de hacer bien pequeño y algo redondo para que los niños imaginaran el esférico necesario para recibir, tirar y batear.

Por la radio escuchábamos los juegos de pelota. Recuerdo los equipos: Habana, Almendares, Cienfuegos… tenían colores: el azul, el verde, el rojo y el anaranjado. También tenían una mascota representativa: el elefante, el alacrán, el tigre y el león. A mi me afiliaba el color azul… pero aquellos animales no me eran muy familiares, no me afiliaba a ninguno.

Había un narrador que solía emitir una imagen del bateador ponchado que recuerdo bien: ‘Se quedó con la carabina al hombro’, a veces alguno de los actuales comentaristas rememoran aquella descripción del hombre que no logra batear y se va al banco con  tres strikes.

Crecí oyendo hablar de pelota, defendiendo que debía escribirse baseball y pronunciarse béisbol, pero realmente aprendí a conocer bien el juego cuando estaba en el Servicio Militar, cuando una amiga me hizo frecuentar en La Habana el Estadium del Cerro, hoy Latinoamericano, donde me obligaba a escuchar la transmisión por radio y mirar al campo… y aprendí bastante, lo mínimo máximo.

Ahora tenemos equipos que representan muy bien el país. En cada municipio hay un conjunto que hace la temporada provincial de donde salen los jugadores que integran el elenco que defiende a la provincia y de ese grupo de equipos se escogen los que nominan el equipo CUBA, que luego batalla en centroamericanos, panamericanos, mundiales, copas de diversas nominaciones, y nos traen el alegrón o la congoja.

Desde hace varios años en mis conversaciones con amigos, mi análisis indican que desde 2007,  los equipos de provincias menos favorecidas históricamente, alcanzarán el triunfo progresivamente y que aquellas ‘estrellas’ deberán ahora esperar varios años para derrotarlas. De modo que veremos en el trono a Ciego de Ávila, Isla de la Juventud, Guantánamo, Las Tunas, Granma, Holguín… mientras Pina del Río, Industriales y Santiago de Cuba, deberán esperar su tiempo. Mi imaginación, que tiene resultados ya, aprecia también fuertes encontronazos, pues esta figura, introduce alta competitividad.

El domingo primero de noviembre comenzó la Serie Cuarenta y Nueve: La Habana contra Villa Clara. Fue un excelente encuentro en que durante 8 innings, nadie anotó, se batearon  sólo 9 hits ente los contendientes y la carrera del triunfo fue anotada cerrando el octavo a favor de los habaneros, quienes se hacen llamar ‘vaqueros’. El juego cerro 1 para La Habana y 0 para Villa Clara.

Brillaron los muchachos que hemos visto otras veces en el Podio, y atletas de éxito en la arena internacional, nos hicieron pasar momentos de sano esparcimiento. Son ellos quienes van y vienen con la bandera en el pecho puesto en el corazón y que levantan el honor de ser representantes de la Patria en cualquier terreno.

En aquellos tiempos de pelotas con trocitos de ‘tuza’, escuchaba hablar de ‘grandes ligas’. Hoy también. Y supe siempre que había calidad en esas ‘ligas’. Pero lo que aquel niño nunca comprendió era que había figuras que cambiaban hasta sus nombres para representar a otros, y que se canjeaban y canjean como si fuesen cajitas de chicles, automóviles y suites de hoteles de primera categoría. Cuando creí,  los comprendí menos.

Prefiero los Omar Linares, Antonio Pacheco, Orestes Kindelán, Lourdes Gourriel, el tunero Hermidelio Urrutia y otros, que como Teófilo Stevenson, pusieron muy en alto la condición humana aquella que se guarda en la mundialmente sabida frase que refleja un deporte verdadero: Mentes sanas en cueros sanos.

¡Ah!; y como decía mi suegro: el deporte es la mejor guerra que se debe echar, esa no mata ni destruye a los hombres.

 

 

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