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LAKASTAGNER

LA LUZ DE FIDEL….

LA LUZ DE FIDEL….

 

Por Joel Lachataignerais Popa  jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com

Fidel fidelísimo, retoño martiano,[1] / asombro de América, titán de la hazaña/ “…Así comienza la Marcha triunfal del Ejército Rebelde, escrita en enero de 1959 por el poeta Jesús Orta Ruiz,  “El Indio Naborí”. Aquella bellísima obra, caló hondo en el corazón de los cubanos y de todos los que comprendieron rápidamente el triunfo revolucionario de Cuba.

Desde entonces comenzamos a sentir todo el calor de aquella persona que en ese Año de la Liberación, 1959, alcanzaba la juvenil edad de 33 años de vida. Realmente estaba comenzando a  vivir y lo hacía en el corazón del pueblo. Poco a poco el amor de pueblo comenzó a crecer y años más tarde, sus barbas, su palabra, su sentido del deber, de la Patria, del servicio humano, de la vida, del amor y el tesón, del altruismo… dejó de ser patrimonio cubano: comenzamos a sentir que con Fidel, Cuba asumía un liderazgo de pueblos. Todo sucede como esas estrellas que rasgan el firmamento dejando detrás una larga raya de luz, que todos admiran. Sólo que, esta estela luminosa es una palpable huella que perdura.

El mismo poeta, Naborí, para el cumpleaños 70 de Fidel, escribió nuevos versos; dijo entonces: “Los pueblos, sin embargo, te dan rosas, / poemas y canciones más por cosas / de cumplesueños que de cumpleaños, / pues la edad de los héroes y los genios / no se mide por días ni por años / sino por largos siglos y milenios”.

Venido del dolor que lo sacó de la cotidianidad mensurable, un día lo vimos caminar las calles para hacerse más gigante; para acallar las voces de ignorancia que acribillaron con mentiras su inmensa pluralidad: Ahora lo vemos ahí: bravo combatiente de los nuevos Moncada, los nuevos Céspedes, los nuevos Girón…Y ahora, como evocando en el alma del pueblo, miro y veo su mirada que atrapa e invoca prístina precisión de compromiso, y vuelvo al poema inicial para advertir:

 Y esto que las hieles se volvieran miel, / se llama... ¡Fidel! /  Y esta que la ortiga se hiciera clavel, / se llama…¡Fidel! / Y esto que la patria no sea un cuartel, / se llama…¡Fidel!  / Y esto que la bestia fuera derrotada por el bien del hombre, / esto que la sombra se volviera luz, /  esto tiene un nombre, sólo tiene un nombre: /  FIDEL CASTRO RUZ.

 



[1] Revista Bohemia, 18 de enero de 1959, 2da parte de la Edición de la Libertad, pp. 10-11. 

 

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