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Ciclón Flora: Cuba por el desarrollo hidráulico

Ciclón Flora: Cuba por el desarrollo hidráulico

 El Teniente Rigoberto Lacuse, entrevistado por el autor. En la foto, Rafael Lapinell Rivero.

 

 Joel Lachataignerais Popa jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com

 Rafael Lastre se llamaba aquel joven que llegó a la emisora CKMX Radio Bayamo, el primero día del ciclón Flora, ofreciendo sus servicios como técnico de comunicaciones, toda vez que llovía intensamente y él podía cooperar en mantener en el aire el transmisor RCA Víctor vetusto y ya carente de piezas.

Traía en sus manos un aparato rectangular que tenía forma de radio receptor, un asa que se movía hacia atrás y adelante y un tirante que permitía colgarle del hombro.

Iba a preguntarle qué cosa era aquello, cuando me dijo:

-          Mira como tú eres periodista, te la presto, así podrás entrevistas y grabar por ahí cosas interesantes, es mi grabadora Philips, de ahora en adelante, es tuya, tómala.

-          Gracias.

Buen uso le dimos Rafael Lapinell Rivero, - uno de mis entrenadores-, y yo.

 I

 El ciclón Flora penetró en el Oriente de Cuba y desbordó con sus fuertes aguaceros de casi una semana intensa la llanura conocida como Valle del Cauto que se concentra bordeando las montañas de la Sierra Maestra entre lis limites de Santiago de Cuba por el este, la Sierra Cristal y el territorio de Holguín por el norte noreste y noroeste con límites hacia el oeste con la provincia de Camagüey, que en su totalidad es completamente llana. Todo ese territorio, como un gran embalse, se llenó de agua.

En la práctica se unieron los ríos Cauto, Cautillo y Bayamo, los más caudalosos de la zona, que unieron su contenido con el mar del sur, en el Golfo de Guacanayabo, que abriga a la ciudad de Manzanillo.

La ciudad de Bayamo, fue declarada Capital de la República en emergencia y el segundo día de inundaciones comenzaron a llegar a su aeropuerto helicópteros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y se sabía que por tierra avanzaban refuerzos, y los principales líderes del Gobierno Revolucionario.

Desde el aire era posible advertir la gran masa de agua y los árboles, las palmas, sobresaliendo su nivel; en la tierra aquello era igual, pero teníamos al alcance de la mano los animales muertos arrastrados por el agua. Bolos de madera, árboles enteros, vacas, chivos, caballos, trozos de viviendas, un camión dislocado y… niños, ancianos, mujeres: hombres.

Recuerdo que en uno de mis viajes a la casa del radioaficionado que me servía de puente con la CMQ Radio, de La Habana,  Armando Soto, este me pidió que esperase que tenía una comunicación importante y debía esperar: el propio Fidel le pedía enlazarlo con el Comandante Armando Acosta, el Capitán Jorge Risquet y otros dirigentes de Oriente y de Bayamo. Informaba que se acercaba a Bayamo, y estaba en medio de las aguas. El día 7, después de atravesar las zonas afectadas de Camagüey, Las Tunas y parte de Holguín, llega a Bayamo se reúne con WILLIAM, Presidente del Poder Local, y comienza las acciones de dirección de la gran operación que duró varias semanas.      

También tuvimos noticias de cómo en su impetuosidad riesgosa, casi pierde la vida cuando el móvil anfibio en que se dirigía a Bayamo, fue volcado prácticamente por el agua y salvado por sus compañeros. El Comandante Juan Almeida Bosque, que estaba en la ciudad Monumento Nacional, dispuso rápidamente de un helicóptero y viajó hacia el lugar, más próximo a Holguín que a Bayamo y lo convenció de la necesidad de que preservase su vida.

Con Rafael Lapinell Rivero, que reportaba para el periódico Revolución, en una camioneta que había conseguido, fui varias veces al aeropuerto, donde de modo incesante iban y venían los helicópteros.

Quería hacer algunas entrevistas. Fue la primera vez que vi de cerca periodistas de otras latitudes: AP, ente ellas y camarógrafos, fotógrafos en masa. Me sentí parte de aquella prensa cuando realmente estaba en mis inicios pioneriles.

El Comandante Raúl Curbelo, al frente del aeródromo, miró el artefacto que traía. Le dijimos lo que era, y le demostramos el funcionamiento. Entonces le explicamos qué queríamos.

En ese momento fue llamado al Puesto de Mando de la instalación. Regresó rápido a decirme que me situara en un lugar donde no fuera visible, pues la orden era enviar a todos los periodistas a fuera y destinarlos a las zonas de peligro.

Cuando aquella orden fue cumplida y después de que vimos una pequeña caravana salir del lugar, Curbelo regresó y pidió que le explicáramos el funcionamiento del equipo. Comprensivo, luego de conocer los detalles de la máquina de grabar, indicó que esperásemos pues vendría el hombre que más salvamentos había realizado: Rigoberto Lacuse.

Joven, de piel oscura, pelo castaño oscuro igual que sus ojos y estatura media, con pausado hablar, recto y a la vez jaranero. Típico cubano responsable. Era teniente y se había propuesto volar todo el tiempo posible y salvar todas las vidas a su alcance. Uno de los fotógrafos captó instantáneas del encuentro que luego aparecieron en Bohemia, y una de ellas me permite ahora el testimonio gráfico.

 II

La Revolución actuó con rapidez. De la experiencia salieron programas vitales, construcción de viviendas, el fortalecimiento de la Defensa Civil, que tiene entre sus misiones preservar vidas humanas en caso de desastres, y se agruparon vecinos que perdieron sus casas en núcleos poblacionales como en el caso de La Flora, comunidad  cercana a Jiguaní y Bayamo, cuyo nombre se deriva de aquellos terribles momentos. Sus vecinos así la calificaron en honor a los muertos en el desastre.

De todo aquello ahora se cumplen 49 años: la primera quincena de  octubre de 1963, fue dolorosa y triste para todo el país. Particularmente para quienes vivimos en el Valle del Cauto, que comienza en los límites de Granma con Santiago de Cuba y se extiendo hasta las riveras del Río Jobabo. Une a las actuales provincias de Granma, Holguín y Las Tunas. Pero el meteoro afectó también las zonas de Camagüey, también sumamente llanas.

En solo unas horas ente los días del 3 al 7 de octubre, las aguas de los ríos situados en esa zona, (Cauto, Cautillo, Bayamo y otros de menor caudal) se unieron a las aguas del Golfo de Guacanayabo situado en el sur de la provincia de Granma. Territorios de  Las Tunas estaban sumergidos en aguas durante esos días. Faltaron todos los recursos: la electricidad, las comunicaciones, la transportación se afectó fuertemente. El gobierno revolucionario con Fidel al frente, se trasladó a Bayamo y desde allí dirigió las operaciones de salvamento de ciudadanos apresados por las aguas en todos los territorios aledaños. Pero no fue posible evitar la pérdida millonaria de sembrados, ganado, y lo que fue peor: más de 2000 ciudadanos: Varios días fueron declarados de luto nacional.

De aquella catástrofe, - una de las más terribles en medio siglo - , la revolución cubana extrajo la lección de experiencia natural y surgió un programa que conocemos como Voluntad Hidráulica: se trazaron entonces  las políticas del país para evitar desastres como aquel, conteniendo la furia de las aguas: era preciso almacenarlas. Desde entonces se construyeron cientos de presas, micro presas y embalses en toda la nación.

Hoy, para darle continuidad a esa idea, el Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba y su Primera Conferencia Nacional,  han orientado cuatro lineamientos que indican políticas y objetivos a cumplir.

Se trata de establecer instrumentos de planificación; inversiones a largo alcance, programa priorizado para rehabilitar redes hidráulicas, acueductos y alcantarillados y continuar luchando por propiciar una cultura del ahorro de agua.

Estas perspectivas emprendidas desde 1965, devueltas a la actualización, permiten que en Cuba no se produzcan nuevos desastres como “El Flora”. Aunque sea necesario crear cultura de ahorro del líquido y conciencia de que se agota a nivel mundial avizorando riesgosas conflagraciones.

Ignoro donde estará ahora Rafael Lastre. Su equipo me fue útil. Hizo historia. Abrió mis sendas al periodismo.

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