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Rómulo Lachatañeré una luz en mi camino

Rómulo Lachatañeré una luz en mi camino

Única foto de Rómulo en mi poder

 

Joel Lachataignerais Popa, jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com  

 

Durante los días del 17 al 19 de octubre pasado, en Las Tunas se realizó el Primer Coloquio Nacional Científico cultural Yoruba de Cuba “Itá Ímolé”,  donde interactuaron representantes de esa congregación de varias provincias cubanas.

Fui invitado y expuse allí mis consideraciones acerca de Rómulo Lachataignerais, cuya versión ofrezco a continuación:

En 1951 tenía yo 7 años de edad. Iba en compañía de mis hermanos y  de la mano de mi padre, Luis Felipe Lachataignerais Calderín. Era la calle Martí de Bayamo y estábamos frente a la escuela “Rafael María de Mendive”,  donde mi padre trabajaba y nosotros estudiábamos. Allí mismo, en la otra acera, estaba la  barbería “El arte”, propiedad de uno de los alumnos de Luis Felipe, que se llamaba Conrado. Fue éste quien llamó a mi papá, en tono de urgencia y vino hacia él trayendo en su mano derecha la tijera con que pelaba a un cliente: “Luis, le dijo: acabo de oír por la radio la noticia de la muerte de Rómulo. Murió en un accidente aéreo”.

Esta es la primera referencia que conservo en mi mente sobre Rómulo Lachateñeré.

Después aquel niño, con la brevedad de la edad, hurgó como pudo en la memoria del padre, quien sabiamente colocó en su corazón la admiración por el tío.

Hago referencias, por tanto, a lo que aprendí con mi padre desde su admiración por Rómulo y a pasajes tomados de lecturas relacionadas con el hermano de mi padre. Debo expresar que nunca he podido obtener uno de sus libros. ¡Oh mío, Yemayá!, es el único que he podido leer a mis años, aunque interés por su literatura no me ha faltado.

I

He encontrado en lecturas realizadas que hablan de la figura de Rómulo Lachateñeré y que hacen importantes referencias.

Recuerdo con mucho agrado la visita que me hizo una vez la amiga periodista ya fallecida, Lázara Rodríguez Alemán, cuando en 1996 se celebraba en Las Tunas el 26 de Julio, y estuvo en mi casa para preguntarme sobre Rómulo. Traía un libro, de donde tomé algunas notas. Ella andaba en la ruta de la vida de Rómulo y se iba a Nueva York, detrás de Dyana Lachataignerais, la hija, para obtener información para algo que estaba escribiendo.

Aunque nos vimos en otras oportunidades, sólo me quedé con aquellas notas que están en algún lugar de mis papeles hogareños. Lázara falleció después de que un día hablamos por teléfono y acordamos vernos alguna vez.

Conozco otras personas que han estado interesados en la vida de Rómulo, inclusive conozco que Dyana, su hija, estuvo a finales de  la década de los 90 en Cuba con el objeto de entrevistarse con la familia, pero sólo llegó hasta Santiago de Cuba.

De modo que voy a reseñar algunas ideas extraídas de las lecturas que me han hecho comprender modestamente y con sinceridad, que Rómulo Lachateñeré es merecedor de un mejor reconocimiento público, tanto desde el punto de vista investigativo cultural, como en el orden social revolucionario, que permitan colocar su figura en un sitio de ciencia, cultura y luchas revolucionarias.

II

La década del 30 del pasado siglo revela un espíritu renovador en diversas manifestaciones artísticas. La música, la poesía, la literatura en general, la crítica, la pintura, abren un espacio al tema negro, y lo hacen mediante algunas de las figuras más representativas de la joven intelectualidad de entonces, por lo que desbrozan un camino que, labrado y vuelto a labrar, arroja frutos fecundos hasta nuestros días.

La etnología y el folclor encuentran sus máximos exponentes en el quehacer de Fernando Ortiz y de su discípula Lydia Cabrera. Ambos profundizan en el tema y estampan su huella. Pero no son los únicos: la obra de Rómulo Lachatañeré existe, está ahí, para ser tomada en cuenta.

El apellido original de este investigador es de origen francés, Lachataignerais, que castellanizado nos queda como Lachatañeré. Santiaguero, nacido el 4 de julio de 1909, el árbol genealógico de este cubano olvidado lo emparenta, en condición de nieto, con el mayor general del Ejército Libertador Flor Crombet, por lo que además de la fibra patriótica, pertenecía a una de las familias mulatas más encumbradas de la región oriental.

 Los estudios básicos los cursó en Santiago de Cuba y los de Doctor en Farmacia en la Universidad de La Habana. Su adolescencia y juventud transcurren en los años de la dictadura de Gerardo Machado, la cual combate desde las filas estudiantiles.  Derribado este por un movimiento popular y frustrada la revolución en ciernes, fue encarcelado por su participación en la huelga de 1935.

Aquella sangre mambisa no lo impulsaría solo hacia la indagación por nuevas áreas, sino que lo llevó a exponer su vida en favor de las causas que creyó justas.

Embarcó hacia Estados Unidos y en Nueva York trabajó de laboratorista en la Universidad de Columbia y sirvió en las filas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial.

Hasta aquí, sucintamente, la ficha biográfica de Rómulo Lachatañeré. Entremos ahora en el motivo de su presencia en esta sección.

Colaboró en Diario de Cuba, de la ciudad de Santiago, y en Noticias de Hoy, órgano de prensa de los comunistas cubanos (tal era la filiación de Lachatañeré), también lo hizo para las revistas Estudios Afrocubanos, Mediodía y Visión, esta última editada en la urbe neoyorquina.

De la obra investigativa de Rómulo Lachatañeré acerca de las leyendas y cultura negra, destacan sus textos “El sistema religioso de los lucumís y otras influencias africanas en Cuba”, publicado en la ya citada revista Estudios Afrocubanos, así como los libros ¡Oh, mío Yemayá!, de cuentos y cantos de origen africano, con prólogo de Fernando Ortiz, de 1938, y Manual de santería; el sistema de cultos lucumí, editado en La Habana, en 1942.

Nicolás Guillén —recordémoslo en su faceta de periodista— en crónica recogida en su libro Prosa de prisa, escribe de ¡Oh, mío Yemayá! que se trata de “narraciones breves, cargadas de poesía fresca, primitiva: relatos fabulosos en que se mueven las deidades más prestigiosas de la mitología africana”. En cuanto al segundo de los libros de Lachatañeré, el autor examina el fenómeno del sincretismo religioso en Cuba.

Rómulo Lachatañeré viajaba de San Juan, Puerto Rico, hacia Estados Unidos, donde laboraba, cuando murió en un accidente de aviación ocurrido en 1951 (Rómulo Lachatañeré, un centenario;  Leonardo Depestre Catony , 14 de julio de 2009; La Jiribilla, domingo 2 de septiembre re de 2012, actualizado el 31 de agosto de 2012)

Cuando se habla del origen de los estudios afrocubanos en Cuba siempre se mencionan –muy justamente– dos nombres famosos: los de Fernando Ortiz y Lydia Cabrera. Pero se olvida sistemáticamente el de otro pionero, cuya obra es de importancia capital en el desarrollo de la etnografía criolla: el nombre de Rómulo Lachatañeré. (Pioneros de la etnografía afrocubana, Jorge Castellanos).

Una brasileña, Olívia M.G. Cunha, en uno de sus textos, “Travel, Ethnography, and Nation in the Writings of Rómulo Lachatañéré and Arthur Ramos”, hace interesantes revelaciones sobre la vida y obra de Rómulo. Destaca su personalidad y su actuar en torno a la etnografía, destacándolo como uno de sus iniciadores en Cuba y ofrece notas importantes en torno a la presencia de su actividad en la gran nación sureña.

Leonardo Depestre Catony, en la publicación cubana, La jiribilla, ha escrito un texto el pasado año, a propósito del centenario del natalicio de Rómulo, significándolo como iniciador de la etnografía e investigaciones acerca de las culturas negras en Cuba, junto a importantes investigadores cubanos, como Fernando Ortiz y Lydia Cabrera.

En el libro Cuentos negristas,  escrito por Salvador Bueno, y Andrés Bansart, se reseñan sus cuentos. Jorge Castellanos en un texto titulado Pioneros de la etnografía afrocubana, distingue la personalidad de Rómulo; existen textos donde Don Fernando Ortiz expresa sus opiniones sobre él, al igual que nuestro poeta nacional lo ha referido, distinguiéndolo entre sus más cercanos amigos.

No me quejo, pero pienso que pudiéramos reconocerlo más.

He vivido siempre orgulloso de Rómulo. Alguien a quien me hubiera gustado parecerme.

A mi padre, quien cumplirá 25 años de fallecido el próximo día 27, dedico estas palabras y le agradezco habérmelo sembrado en el corazón y también reconozco aI Coloquio Nacional Científico- Cultural  Yoruba “Itá  Imòlé”, en particular a Adelfa Polanco y a  ustedes, la gentileza de permitirme este recuento que me transporta a mis orígenes y demuestra identidad y cultura defendibles desde la realidad circundante.

Hasta aquí, Rómulo Lachatañeré: una luz en mi camino. Muchas gracias

 

 

 

 

 

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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