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LAKASTAGNER

MARCADA POR LA ESPERANZA

Por : Joel Lachataignerais Popa
e - mail jlpopa@enet.cu

Es mi vecina. Le conozco desde que era una semilla. Callada, modesta y reflejo de su propio origen. El abuelo le dejó de herencia haber sido combatiente revolucionario de la clandestinidad y miembro del Partido Socialista Popular, además de fundador del Partido Comunista de Cuba. De esa parte de la vida del viejo Hibrahim Borroto imagino que ella conocerá mucho, que de vez en vez la sentaría en sus piernas a contarle su vida de experimentado luchador, porque otra la vivió siendo pequeña y sus padres, amigos y vecinos le habrán completado lo que no conociera, fue fundador del Poder Popular en la circunscripción de su residencia, y electo en las primeras elecciones como Delegado a la Asamblea Municipal.

Un padre trabajador y modesto revolucionario, Luis Boffil y una madre poseedora de una bien timbrada y agradable voz que explotó mucho en su juventud, para lastimosamente dejarnos de escucharla y dedicarse a las cuestiones del hogar. (Le conocerá la hija esa faceta a la otrora cantante? ).

Hablo de Yoaska Boffil Borroto. Una muchacha, casi una niña aun. Estudió y se convirtió en médica y ahora como especialista en medicina general integral, forma parte del ejército de trabajadores de la salud que Cuba ha formado para su pueblo y para el mundo.

Dialogo con ella porque en plena juventud, - sólo 34 años de edad -, ya comparte experiencias internacionales: Venezuela ocupa parte de su vida hoy. Ahora en una etapa de descanso en Cuba. Vino a ¨descansar¨, así entrecomillas porque esa posición de vida, los cubanos casi no la conocen y también unos días de asueto mezclados con saber cómo marcha el hogar y qué es de papá y mamá, la pequeña hija que levanta sus escasos tres años y el resto de la familia.

De Venezuela supo en su etapa infantil cuando en los primeros grados le enseñaron un mapa de la América del Sur y cuando en Historia le hablaron de Bolívar y también de Martí, Ogigins, San Martín, Sucre y otros patricios de esta parte del mundo Y en las aulas conoció también que el pensamiento de Simón Bolívar era abarcador para toda la América, por eso batalló por la independencia de toda esta porción de tierra y que esos mismos ideales se compartieron por José Martí en Cuba y marchan adelante en su Patria.

- En mi siempre estuvo presente esa voluntad de prestar mis servicios dentro y fuera del país, siempre que me fuera necesario y no me sorprendió verme en la lista de los solicitados a viajar a Venezuela.

Habla con la misma candidez de su niñez. Aunque es pausada, con una voz velada y medida, descuella fortaleza, madurez, dentro de la juventud que le embarga una profundidad de análisis que revela por qué fue elegida para integrar la vanguardia como militante del Partido Comunista de Cuba.

Quise saber si pensó alguna vez ir a Venezuela y cual fue su reacción cuando supo que podría ser.

En su memoria archiva la visita del Presidente venezolano, Hugo Rafael Chávez Frías, aquella oportunidad en que por primera vez se refirió a la posibilidad de que médicos cubanos fueran a ayudar a su país y concuerda que le agradó la idea, incluso la oportunidad de hacerlo pero no tan de inmediato.

Entonces cuando se produce el inicio del Plan, ya yo estaba graduada y era una especialista y pensé en que ahora si estaba en condiciones de dar un paso al frente de una tarea noble e importante...

Yoaska Boffiil Borroto, es de profunda raíz rural, en la oriental provincia de Las Tunas, que en su división político-administrativa cuenta con ocho municipios y algo más de 560 mil habitantes quienes reciben los beneficios de 89 unidades de servicios médicos, entre hospitales, clínicas dentales, hogares de impedidos físicos, de ancianos, maternos y otros.

- Un día fui llamada a mi departamento en la Dirección de Medicamentos de la Provincia de Las Tunas, y me dijeron que era necesario que fuera a la Oficina de Colaboración, donde me plantearon la idea de cumplir una misión internacionalista como médica, en Venezuela. Mis padres, a pesar del impacto de la noticia, aceptaron mi decisión.

Yoaska recuerda que en los momentos de su llamado la situación política de aquél país era convulsa por el referéndum ratificador del Gobierno de Chávez, pero no hubo problemas ella decidió y padres, vecinos, amigos, todos apoyaron.

Yolanda es un zeppelín. Mientras conversamos llama constantemente a mamá, pide algo al periodista, trata de participar, y ella – como toda madre – la acaricia, le sonríe, pero no deja de hablarnos, con palabras muy naturales salidas del corazón y con el brillo de las personas que tienen el apego de la sencillez honrada.

- Llegué a Venezuela de noche. Sentí un impacto fuerte. Realmente es muy bella. Daba la impresión de un árbol gigantesco de Navidad desde la altura, eran muchas luces. Al amanecer vimos que aquellas luces procedían de los Cerros de Caracas, que también son impresionantes. No me los había imaginado antes. Así conocí los grandes contrastes que se dan en aquella ciudad de edificios muy altos, bellas construcciones rodeadas de cerros que se caracterizan por pequeñas viviendas levantadas con los recursos modestos de la gente.

Enseguida nos trasmite sus impresiones de la gente con la cual comenzó a trabar relaciones, a las que ve como personas muy alegres, conversadoras, ¨ muy interesados en nuestras cosas; las costumbres cubanas y sobre todo sienten mucho afecto y respeto por lo cubano y, particularmente, por el Comandante en Jefe¨.

Llegado este momento del encuentro requerí sobre su trabajo, la vida que hace entre los caraqueños cerreros, donde es la única persona de la provincia de Las Tunas integrando su grupo.

- Prestamos atención primaria de salud, labor preventiva y curativa también, a parte de una actividad sistemática de carácter comunitaria, que, –como las demás –, nos permite recordar mucho a Cuba. En general la población nos ha acogido bien, a pesar de todo aquel ruido que la oposición emprendió al principio de llegar nosotros allá. Es decir, pronto nos acostumbramos a todo ese proceder de las personas que no están de acuerdo con lo que el gobierno venezolano hace por su pueblo y lo tuvimos que sufrir, pero ya nos acostumbramos a la forma de hablar de ellos, que era algo nuevo para nosotros.


Según cuenta Yoaska, su vida común entre los venezolanos transcurre en Caracas. Vive en la casa de su enfermera. Las jornadas comienzan para ellas a las ocho de la mañana y, en oportunidades interrumpen para el almuerzo a la una de la tarde. Hay momentos en que no pueden hacerlo y siguen hasta las cinco haciendo el trabajo ¨ de terreno, es decir, visitar a los enfermos o realizar consultas en las viviendas.¨Después comienza otra etapa del trabajo que está dirigido a las atenciones de urgencia. Luego del baño y la cena, llega a la memoria el país, las casas modestas de mi barrio, papá, mamá, Yolanda, Luis Carlos... la nostalgia por la tierra la familia, las amistades...

- Entonces me dedico a intercambiar experiencias, a leer, a escribir mis cartas... Y puedo decirte que he tenido experiencias muy lindas. A principio estaba trabajando en un cerro. Ahora estoy en con las personas de la clase media alta, y es interesante algo que me sucedió: En una ocasión una persona se me acercó porque su mamá estaba muy interesada en que la asistiera un médico cubano; era una doctora del hospital militar de Caracas; su mamá, aquejada de sacrolumbalgia, - luego de ser muy bien atendida por su hija -, insistía en que le llevara un médico cubano para que la viera. Resulta que aquella señora ya no veía muy bien de un ojo y del otro había perdido la visión completamente por trastornos sufridos años atrás.

- Acepté la invitación y fui a verla. Cuando aquella señora me vio, pidió que me le acercara y le tomara las manos. Así lo hice. Entonces me preguntó que si yo era la médica cubana; preguntó mi nombre y me pidió que le diera un beso bien grande como si ella fuera mi mamá. Después, comenzó a llorar y entonces, entre lágrimas me decía: ¨ ya yo estoy curada, gracias dios mío por traerme a mi médica desde Cuba¨.

- La asistí. Realmente tenía sacrolumbalgia y un buen tratamiento seguido por su hija, era correcto. Pero, además padecía una catarata del ojo que no veía muy bien. Le di cita y la diagnostiqué para que pudiera ser operada en Cuba. Hoy día ya está operada. Ve muy bien y se siente feliz. Estos son los casos que me dan fuerzas para continuar ayudando a ese país.

- Allí tengo a muchos amigos y tres parejas de padres a quienes debo pedir la bendición todos los días, pues se sienten como si de verdad fueran mis padres y me cuidan como a una hija más.

La doctora Yoaska Boffil Borroto, es una muchacha agradable, muy dulce y gentil. Sumamente respetuosa; y en ese carácter está gran parte del éxito suyo, matizado por una formación profesional que hace de las cubanas y los cubanos a personas altamente solidarias, por eso a la distancia del tiempo que aún le queda en Venezuela siente ya nostalgia por los hijos de la Patria de Bolívar.

- Ahora cuando vine de vacaciones hubo muchos de mis pacientes a quienes les subió la presión arterial. No querían que viniera, lo soportaron porque saben que regresaría. Me dijeron: ¨ Vaya, doctora, vaya y vea a su familia, es su deber, vaya y vea a sus niños, pero regrese, si no lo hace, nosotros iremos a buscarla¨.

Aquellas personas ya la sienten tan suya como los vecinos de Nicolás Heredia entre Angel Guerra y Coronel Vicente Cutiño, en el Reparto Primero de la capital de la Provincia de Las Tunas. Y es que Yoaska se les presentó con la marca de la esperanza en medio del corazón.

- Pienso que cuando concluya mi misión voy a extrañarlos mucho, porque en realidad se han apegado tanto a nosotros que hasta quieren viajar conmigo para Cuba...





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