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SOMOS UNA FAMILIA DIGNA DE RESPETO

SOMOS UNA FAMILIA DIGNA DE RESPETO

Por: Joel Lachataignerais Popa

        jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com

           

·          … podemos repetir con Martí que el norte revuelto y brutal nos desprecia a todos los latinoamericanos y con Bolívar, que los Estados Unidos parecen predestinados a ocasionarnos llanto, dolor y muerte

 

Una vez más el Gobierno de los Estados Unidos procede como policía internacional. Es una costumbre que viene desde hace ya muchos años. Una costumbre raigal, situada en la sangre de quienes gobiernan allí, de tal modo que esa usanza es posible convertirla en conciencia pública enceguecedora. Los norteamericanos generosos de su pueblo, los hijos de Lincoln, no tienen culpa de esas torpezas.

Mentiras tras mentiras desde siglos, los gobiernos de los Estados Unidos Norteamericanos han forjado una conducta histórica, en su momento denunciada por líderes de nuestra América como Simón Bolívar; Benito Juárez, José Martí y otros.

Han llegado hasta nosotros engañando a su pueblo insistentemente. Crearon una fuente de información periodística interna destinada al entretenimiento y han llegado a la exageración de trasmitirle por la televisión sus ‘heroicas hazañas defendiendo los intereses del país a miles de kilómetros del territorio propio’… Enferman las mentes de los individuos de esa forma.

Han creado un espíritu de individualismo egoísta, una cultura del YO por encima del nosotros, una cultura del miedo al otro, que se fija de modo tal que – por educación inculcada en sus escuelas – sus soldados son capaces de disparar aún cuando aquel quien esté de frente sea una indefensa mujer, un anciano y hasta un niño; ¡hasta sus mujeres uniformadas son capaces de tales atrocidades como quedó demostrado en Irak!

El miedo inculcado en el pueblo norteamericano ha alcanzado la magnitud de hacerle creer que es necesario una sombrilla, un paraguas, un manto sobre el cielo de su país para protegerse, pero las bases que los protegen no están en su tierra, ni los soldados combaten su territorio, ni son soldados los hijos de los ricos, quienes en su mayoría cuando ingresan en el ejército, alcanzan grados de superioridad sin combatir directamente, porque ellos están destinados a los puestos de mando, son generales de muchas estrellas a costa de la sangre de los nobles, hijos del pueblo, los que mandan y gobiernan, pero los hijos de los ricos, no son los que mueren en esas guerras, sucias e innecesarias.

Nunca olvidaré aquella clase de Historia de Cuba dictada por mi padre en cuarto grado, cuando explicaba la intervención impúdica, acomodada a sus antojos en la victoria cubana sobre España. Mi padre  le decía a sus alumnos que – yo uno de ellos – que quienes ingresaban en el Ejército de los Estados Unidos eran carne de cañón. Y era así porque eran los humildes, los pobres, los negros, los casi analfabetos, los que necesitaban un salario a quienes se los podía pagar mucho dinero, porque iban seguramente a morir, y ninguno era hijo de los poderosos. Por si a caso alguien que me lea necesita saber, no es una clase de este siglo, eso sucedió en período1954 -1955, y  resultó una frase que le escuché durante muchas oportunidades en el aula sobre todo, y nunca la he borrado, fundamentalmente, porque la he podido corroborar.

 

Por eso ahora cuando escucho las declaraciones surgidas de los presidentes norteamericanos – en plural porque no ha sido uno solo – de su congreso, de sus seguidores, creo profundamente en aquella idea, y no me cabe en la cabeza idea alguna de lo que pueden pensar los pilotos norteamericanos cuando están sobrevolando algún país, en alturas inalcanzables contra los desarmados que abajo están,  muchas veces armados de la inocencia de apenas diez años de vida, o durmiendo en sus cunas de pobres trabajadores y campesinos, o esperando la modesta comida sentados en sus hogares. Ellos simplemente están entrenados para dejar caer bombas y sus jefes para decir: las guerras modernas dejan muchos daños colaterales.  “¡daños colaterales que nunca destruyen mansiones con piscinas, automóviles y lujosas lujurias inventadas por el modo de vida norteamericano que propone ocio mas ocio igual a consumo que as u vez es igual a estancamiento moral, corrosión espiritual.

Y para poder hacer sus cosas menos dolorosas y legales, idean soldados de hierro, teledirigidos, como sus aviones. Ya se les ha gastado la idea de Supermán y Marvel.

El papel de aquellos angelitos es tirar bombas. El de los jefes protegerlos diciendo mentiras. Es una película de antaño.

Es de raíz la costumbre. La mala costumbre de señalar a los demás: ¿Cuál fue la cumbre de jefes de Estados que designó a Estados Unidos para declarar a otros culpables? ¿Dónde está la Resolución de Naciones Unidas que aprobada por abrumadora mayoría brindó la anuencia de que la gran nación del norte está apoyada por la comunidad internacional para decidir quienes son los malos quienes son los buenos? ¿Por qué sólo exclusivamente ellos y su superpoderoso trono de poder ensangrentado y ocupado por cualquier presidente y no un grupo de gobiernos de pueblos?

Escondiendo la verdad al mundo pretenden cercar a Cuba para cumplir aquello que desde mediados del Siglo XIX se proponen: provocar desolación, desencanto, hambre, miseria, abandono de la Patria.

Para ellos terrorismo es: Proteger la salud en el mundo, enseñar a leer a los que no aprendieron porque el capitalismo no lo desea, a ellos les conviene la ignorancia, la miseria, la división de los pueblos; es terrorismo formar miles de médicos para el mundo pobre; es terrorismo prestar servicios deportivos en las naciones pobres; cooperar con otros a que el medio ambiente prevalezca sano.

Rechazamos la declaración de Estados Unidos que pretende sentar a Cuba en el banquillo de los terroristas, porque es una declaración que nunca se produjo en los primeros cincuenta años de Nación ocupada por ellos, cuando Gerardo Machado, cuando Carlos Prío, y los demás: y sobre todo, cuando Fulgencio Batista, asesino de más de 200 mil cubanos, cuyos principales secuaces fueron aceptados el mismo Primero de enero de 1959 como ‘refugiados políticos’ en Miami y otras zonas de aquel país; eso no ocurrió, porque según ellos era la democracia.

La rechazamos porque tenemos la razón y la dignidad. Porque podemos repetir con Martí que el norte revuelto y brutal nos desprecia a todos los latinoamericanos y con Bolívar, que los Estados Unidos parecen predestinados a ocasionarnos llanto, dolor y muerte...

NO: Señores imperialistas, Cuba y los cubanos, somos una familia digna de respeto.

 

 

 

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