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LAKASTAGNER

HISTORIA

FIDEL

FIDEL Por: Joel Lachataignerais Popa
E – mail joecklouis@gmail.com


Que seas feliz.
Que tus 82 reúnan el consuelo de muchos que en el mundo te conocen y te conocieron alguna vez.
Te conocen los pueblos, por los cuales has luchado, aquellos que tienen y te ofrecen de sus corazones la medalla de Premio Nobel de la Paz de los pueblos, porque la otra, como está exquisitamente respaldada por los ricos, no la conceden a personas con el interés tuyo.
Yo también te conocí un día. Mis quince años llegaron con el triunfo de la revolución, y esa vez estabas convocado a una reunión con maestros, era febrero, y el parque del legendario y oriental Bayamo se llenó de muchas gentes, en uno de los clubes de la derrotada pequeña aristocracia bayamesa; allí esperaban los maestros, y había muchos en la puerta. Estábamos, mejor dicho.
Poco antes, frente al cine, pude alcanzar la altura de un banco del parque y ver tu rostro alegre y la mano saludando al aire y estrechando otras, y el pueblo – que todavía no coreaba a unísono tu nombre – decía aisladamente, Fidel, Viva Fidel... Los rebeldes son difícil de coger...
Despues entraste en la Colonia China, y allí hubo la reunión muy breve, quizás la mas corta que hayas presidido jamás. A la entrada aguardábamos muchos, y una de aquellas personas era mi hermana Amelia: Ella pudo darte la mano, y mirarte de cerca, y contarnoslo a nosotros.
Luego, te volví a ver, cuando muchas veces pasabas por Bayamo a recorrer, al Sierra Maestra; o aquella memorable concentración de jóvenes que me permitió – como a muchos otros - conocer la capital del país, la Plaza José Martí, y desde una distancia prudencial de la base monumental, pude admirar tu presencia viva; dialogabas con el Che, Raúl, Almeida, Armando Hart y los demás.
Más tarde, mi actividad periodística me acerco un poco.

Y en el Coloquio Internacional por el Equilibrio del Mundo, durante la inauguración de esculturas de cera en miniatura, que reproducían excelentes e increíbles imágenes de la Edad de Oro, creadas por la escultora Isabel Santos... allí te vi.
Pero las mas de las veces te he visto pro televisión. Te he escuchado, te sentí cerca, rondando siempre mi corazón y abundando en mi cerebro.
No he tenido la suerte que muchos indígenas de Bolivia, o naturales de Argentina en plena calle, o de aquellos lugares de Europa, Africa y Asia... no los envidio, los admiro, junto a ellos, con ellos, viajo yo: vivo yo.
Pero, mi distancia ante ti es mínima. No existe. Estamos juntos. Y soy feliz viéndote, leyéndote, reflexionando contigo, cuando tu lo haces.
Que seas feliz todo el tiempo Fidel, que eso vale. Hoy se cumple un cumpleaños tuyo que vale también, por miles.

13 /08 / 08 / 07:55 a.m.

SANTIAGO DE CUBA DESPUES DEL ASALTO 55 AÑOS ATRÁS

SANTIAGO DE CUBA DESPUES DEL ASALTO 55 AÑOS ATRÁS Por Joel Lachataignerais Popa
jlpopa@enet.cu


La inesperada llamada de una experimentada profesora de Secundaria Básica ya jubilada, provocó un cambio de la idea de escribir algún tema sobre el 26 de Julio.
Esther Rivas, es una muy recordada figura de la pedagogía cubana en la ciudad de Las Tunas. Suman cientos de personas las que durante muchos años aprendieron de ella o la conocieron como directora de la emblemática Escuela Secundaria Básica “Cucalambé”, nominada así en honor al poeta bucólico más reconocido de Cuba, el tunero Juan Cristóbal Nápoles y Fajardo (1.7.1829 / 1862?). Aquella fue una de las primeras escuelas creadas por la revolución en territorio e la ciudad de Las Tunas.
“Acabo de ver por la televisión un documental sobre los sucesos del 26 de Julio y su repercusión y me acordé de usted, por eso busqué su teléfono para comentarle que siempre recuerdo a su tío Gustavo Lachataignerais Crombet, quién era vecino de nuestra familia en Santiago de Cuba, donde vivíamos en la calle I del Reparto Sueño”.
“El recuerdo viene porque aquél 26 de Julio su tío, que era un periodista muy activo del Diario de Cuba, de Santiago, era además, una gente que leía mucho y estaba siempre al día, fue la persona que nos dijo lo que había sucedido la noche anterior, pues mis padres comentaban aquello esquivándonos a nosotros, que éramos jóvenes y estaban deseosos de saber y curiosos”.
La profesora Rivas recuerda que en el amanecer del 27 de Julio de 1953 en Santiago la guardia rural vino en apoyo el Ejercito y “fueron ellos los que llegaron a la casa de sui tío Gustavo Lachataignerais Crombet, tocaron varias veces a la puerta de la casa, hasta que a culatazos la derribaron. Buscaban a su tío, pero no lo encontraron”.
“ Mi padre, recuerdo bien, que le alertó temprano a la esposa – Nena, le decían – de que recogieran todo y lo desaparecieran, no sé que serían, pero advertía eso y que Gustavo se fuera de la casa”.
Así Nena – que era una mujer muy valiente - nos pidió a nosotros, los más jovenes de mi casa, que le ayudáramos. Y en el fondo de la casa había un cuartito donde guardaban alimentos, era una especie de almacencito, allí estaban muchos racimos de plátanos y las cosas que nos dieron las colocamos debajo de todos aquellos racimos y cuando vinieron no encontraron nada allí.
Pero nosotros escuchamos bien todo el estruendo que armaron los guardias golpeando y rompiendo. ¡Le destruyeron toda la casa a tu tío; Una cámara que tenía se la destruyeron toda, y luego hicieron algo parecido en la nuestra, eran registros uno detrás del otro. Era porque creían que mi padre y Gustavo - su tío tenían algo que ver con aquello o sabían algo. Porque su tío era periodista de aquel periódico santiaguero muy conocido: El Diario de Cuba.
Recuerdo también que ese día, el 27, por frente a la casa pasaron varios camiones cargados de gente rumbo al estadium y más tarde comenzamos a escuchar tiros, descargas, fuego de ametralladoras, dijimos nosotros, dije yo, precisamente, y mi padre decía no son fuegos artificiales del carnaval, pero despues identificó y dijo que eran disparos”.
Su tío llegó y le dijo a mi mamá y a mi papá que no nos dejara sentar en la puerta de la casa, porque corríamos peligro.
Entonces , mi hermana y yo fuimos hasta cerca del cuartel, como éramos muchachos y estábamos como en nada, nos dejaron pasar: lo vimos todo: Las paredes con huecos por las balas, llenas de sangre, las huellas de que se había arrastrado los hombres porque lo marcaban las manchas de sangre y vimos para la casa a contarlo”.
Pero había una gran confusión muchos decían que era que lo guardias se habían fajado entre sí, que un grupo de soldados se habían insubordinado y muchas cosas más, pero ts tío vino a mi casa y le contó a mis padres, cosa que yo pudo oír bien, ‘se trata de un hombre llamado Fidel Castro, del Partido Ortodoxo, que vino con un grupo de hombres armados para tomar el Cuartel Moncada’, y así supimos lo que había pasado realmente, aunque fuera una noticia a medias.
Pero era fuerte censura y un estado de sitio, toque de queda, que no permitía estar en las calles.
Poco despues, pasaron los guardias y su tío nos volvió a advertir.
Pero él, Gustavo, tuvo que irse inmediatamente de allí, porque lo buscaban mucho, a menudo lo estaban buscando. Y se mudó de lugar, no recuerdo adonde.
Mira, una cosa que recuerdo es que uno de aquellos días, despues de lo sucedido, él nos decía que tenía que escribir algo sobre aquello, pero había una censura férrea, y nos trajo, a ni padre, un texto que había escrito donde de modo indirecto, como entre líneas, describió aquello. No pasó nada con el escrito, pasó en el periódico, y se difundió aquello en Diario de Cuba, pero no se dieron por enterado los guardias.
El era muy valiente.
Despues cuando lo del Juicio de Fidel, fue igual, también nos enteramos por él.
Otro recuerdo era que él se sentaba con nosotras en la puerta de la casa, como eran casas unidas una con la otra, como hay tantas en Santiago, y allí en la calle I de Sueño, pues se sentaba y me decía:
-¿Cómo tu miras las calles?
- Las miro de arriba abajo, le dije.
- Entonces me dijo: “A las calles hay que mirarlas profundamente, detrás de los muros, porque cada muro e calle tiene u historia. No mires a las gentes la cara nada más, miralos en el fondo de sus rostros, porque nuca sabes cual de esas gentes va a ser historia o es historia. Despues sentí que lo decía por Frank, que deba clases allí cerca, donde yo misma fui alumna, y el pasaba muchas veces por allí...”

Otros recuerdos del terror

Esther Rivas rememora el entierro de las víctimas del Moncada.
Fuimos a la calle Martí, mis padres y nosotros. En camiones metidos en cajas de tablas rústicas y entongadas una sobre otra, llevaron a los muchachos hasta el cementerio. El pueblo en silencio rindió el homenaje. Pero fíjate si estaban asustados y acobardados, que cuando iban pasando por donde estabamos nosotros, uno o dos kioscos de aquello del carnaval se derrumbaron, no se si fue que uno e los carros lo rozó y cayeron, lo cierto es que aquel cortejo se detuvo, hubo algunos disparos al aire y los guardias aquellos miraban a todos los lugares con los ojos abiertos asustados, acobardados...
Mi mamá que estaba en la parte mas baja de la calle, en la acera subió corriendo casi no recuerdo cómo... Ella, la pobre, enfermó de los nervios despues de aquellos acontecimientos.
Mira, cerca de la casa, en la calle Segunda, vivía un asesino de aquellos, el Capitán Tanduque, que amenazaba todos los días y vino hasta cerca de la casa con sus groserías. El día aquel, se paró en la bocacalle de nuestra casa, y gritó a viva voz: “De ahora en lo adelante el que me saque la pata, ser la voy a arrancar”.

Su tío, Gustavo Lachataignerais Crombet, repito tuvo que mudarse, pero dos o tres meses después nosotros volvimos para La Habana también, y nos mudamos para la calle San Felix, cerca de donde vivía Tania Castellanos, donde vivimos también la persecución sobre Lázaro Peña.
El caso es que despues del 26, Santiago se convirtió en un lugar difícil para vivir y tuvimos que retornar a La Habana.

HOMENAJE A SINDO GARAY

HOMENAJE A SINDO GARAY Por : Joel Lachataignerais Popa
E – mail jlpopa@enet.

El Siglo XX cubano contó con renombradas figuras del arte musical y particularmente en el género trovadoresco. Entre ellos, los Manuel Corona y Miguel Matamoros, hasta llegar a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Sara González, y Amaury Pérez Vidal, sin dejar a María Teresa Vera y a El Compay Segundo, cada uno con basta, conocida y brillante obra poética y musical, prestigiada en el pueblo y hacia el Universo. En la sagrada lista de glorias del arte de trovar, componer y cantar, hay una figura cumbre, Sindo Garay, monumento a la creación musical de aquellos cien años.
Habrá que agradecerle formar parte de una generación de la musicología cubana que sirvió de encadenamiento del proceso de los siglos anteriores con el presente amplificado desde el XX al futuro.
De él habrá que decir siempre su centenaria existencia, y tomar de sus exquisitos componentes.
Hoy, cuando se cumplen 40 años de su deceso, quiero recordar con ustedes mis amigos lectores, los días 17 y 18 de julio de 1968,y a partir de conocer la triste noticia ocurrida el día 17, y del instante en que fuimos, con un mar de pueblo, a rendirle tributo en la necrópolis de Bayamo, en la antigua provincia de Oriente.
Eran mis primeros tiempos como reportero.
El 5 de enero de 1947, fue proclamado Sindo Garay con el título de hijo adoptivo de Bayamo, en el Parque Céspedes de la primera ciudad Monumento Nacional de Cuba, lugar proclamado por El Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, como Plaza de la Revolución, lo que permitió a los bayameses, a pesar de las prohibiciones usar en medio de tiranías sangrientas el concepto revolución sin muchos problemas.
El no era bayamés, ni solamente oriental,era más habanero que de su natal Santiago de Cuba (Abril 12 de 1867), pues fue en La Habana donde se estableció durante más largo tiempo; un cubano muy patriota, revolucionario y rebelde consecuente, que amó siempre la Historia y en ella, las
peculiaridades de Bayamo; es por ello que sus obras dignifican el patrimonio del país y,
especialmente, la musicología,aunque nadie se explica el extraño misterio de que nunca estudió música, de cuyo secreto nunca habló, sin embargo fue capaz de comprender a los grandes universales.
Se reunía en él la proximidad poética con la tierra de Céspedes, Fornaris, Castillo, creadores de la primera canción cubana, ‘La bayamesa’; y con la de Perucho Figueredo, autor del Himno Nacional: a ellos siguió con la creación de su notable Mujer Bayamesa, aquella que reza:
“todo lo quema,
todo lo deja
ese es su lema
su religión”.
Tal vez por eso muy temprano, a mediado de Siglo, pidió a modo de testamento cultural, ser enterrado en Bayamo, la legendaria ciudad Monumento Nacional de Cuba.
I
Cuando el 18 de Julio de 1968, se supo de su deceso, a causa de una colostomía, lo primero que recordamos todos fue aquél público deseo. Y el anuncio se hizo por la radio nacional: sus restos irían a reposar a la ciudad amada.
Por vía aérea el cadáver fue llevado a Santiago de Cuba primero, donde el Partido Comunista de Cuba, el Gobierno local, el Consejo Nacional de Cultura, nombre que entonces tenía el actual Ministerio de Cultura; todos junto al pueblo con sus organizaciones, tributaron el homenaje al querido e inolvidable trovador. Allí las flores se hicieron presencia viva. Avanzada la mañana, comenzó una peregrinación que vendría por la Carretera Central, atravesando todas las ciudades y pueblos para llevar a Sindo hacia Bayamo. Vendrían allí numerosas personalidades de las artes y la cultura nacional.
Le tributaron honores Palma Soriano, Contramaestre, Baire, Jiguaní. Los pobladores de esos sitios vieron pasar por las calles al viejo cantautor, legendario, de sangre mambisa y rebelde, quien con su gloria tejió una vida centenaria que trajo a las generaciones de ese momento, el esplendor recogido por él.
Sindo Garay había sido testigo de aquellos instantes en que la Patria se debatía contra el colonialismo. Él, joven que comenzaba a pensar y a mirar el futuro, sacó de su cerebro, del corazón y con sus manos, mediante la guitarra y el verso hecho canción, poesía, canción, mensajes de amor y patriotismo.
Poeta del pueblo también, recorrió los largos años posteriores a Martí, a Maceo y a Gómez; los compartió, desde Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras, Jesús Menéndez, Eduardo René Chibás Rivas, para tener fuerza y coraje de vivir la última etapa de lucha por la independencia, que lo aclamó, como siempre fue, pero con todo el rigor que el triunfo trajo a los cubanos en la Patria nueva que llegó a conocer.
Por eso, esta vez, había conmoción. La sala de entrada al local donde actualmente radica la Casa de la Cultura de Bayamo, sitio donde había nacido el Mayor General de la Guerra de los Diez Años, Donato Mármol, fue acondicionándose para recibir el féretro.
A la hora acordada con mi compañero de batería para estas misiones, el locutor Edgard Fonseca Infante, luego de coordinaciones hechas con Ángel Ramos Cutiño, Director de la CMKX, Radio Bayamo, salimos rumbo a la intersección de las carreteras Central en el tramo que conduce hacia Santiago de Cuba (127 kilómetros al Este), y del poblado serrano de Guisa, (a 4 leguas exactas), a poco más o menos quince minutos antes de llegar a Bayamo.
Llevábamos una pequeña grabadora y un grupo importante de los diminutos carretes que usaba aquella maravilla de la técnica. Repetiríamos, de cierto modo, una operación casi habitual: grabar reportes de calle, y dejarlos en la emisora para ofrecerlos a modo de control remoto, es decir, transmisión simultánea en vivo.
Fue una reseña de algo más de media hora, reflejando la entrada en Bayamo del cuerpo sin vida de Sindo Garay, así logramos la primera parte de la programación.
II
En capilla ardiente, en el local de Cultura, frente al Parque de la Revolución, se colocó el túmulo mortuorio, con una carga de honores y flores dispuestas en coronas, cojines, y otros arreglos.
Entre ellas resaltaban las del entonces Presidente de la República y del Gobierno Revolucionario de Cuba, Doctor Osvaldo Dorticós Torrado y la del Primer Ministro, Comandante Fidel Castro Ruz.
En torno al sitio, adornaban el local muchas otras ofrendas de todos los organismos nacionales, provinciales y municipales. Había también flores de gentes del pueblo.
Allí estaban los hijos del fallecido, Hatuey y Guarionex, las integrantes del dúo Hermanas Martí, el Trío Matamoros. Ellos encabezaban la numerosa representación artístico, trovadoresca y musical, que acudió a rendir el último homenaje al fallecido trovador.
Al lado del féretro, se colocó un micrófono de amplificación local, y otro de la emisora CMKX, Radio Bayamo. En el momento indicado, se dio inicio a un singular tributo: Todos los presentes comenzaron a cantar el repertorio del extinto. El Director de la emisora, Angel Ramos Cutiño, excelente locutor, fue conduciendo el momento que la radio emitió íntegramente al pueblo. En los alrededores muchas personas asistían al poco común concierto.
Esther Borja, Los Matamoros, Las Hermanas Martí, os hijos de Sindo, Hatuey y Guarionex, figuraron en el programa, entre otros, a quienes se unieron voces locales y santiagueras.
Así fue avanzando aquél 18 de julio de 1968.
En la programación prevista, se emitían fragmentos de la reseña grabada para informar cómo llegó la comitiva de luto a Bayamo: entrevistas a las principales figuras llegadas desde La Habana y una serie de boletines en que se daba a conocer la biografía y el programa de despedida.
III
Sólo teníamos un micrófono para el único equipamiento rudimentario de “Control Remoto”. Aquello lo hacía la persona que se designara como locutor, como operador de sonidos, para el caso el locutor nominado Edgard Fonseca, hizo de operador de audio y yo, de locutor.
Fuimos aproximadamente a la una y treinta de la tarde a recoger los equipos de sonido y a trasladarlos al cementerio.
Retornamos a la emisora y logramos un descanso hasta la hora del sepelio.
La larga marcha fúnebre la acompañamos con la misma idea del recibimiento, sólo una diferencia: se enviaron las primeras grabaciones, que de existir entonces cómo editar y medir el tiempo, tendrían mejor éxito. Fue, de todos modos un excelente ejercicio.
Hicimos el anuncio de rigor. Entonces, el musicólogo cubano, Odilio Urfé, expresó un breve y profundo elogio a la trayectoria patriótico musical y poética de Sindo Garay. Destacó todo lo que en su condición de cubano, músico, poeta, compositor y hombre digno, nos queda, para llevarlo a considerar parte del patrimonio que defendió, tal y como inclusive hizo con el nombre de sus hijos: Hatuey y Guarionex.
Hubo un minuto de silencio.
Guardo esa impresión como una fotografía.


(Estas notas aparecen registradas en el libro de mi autoría “Como me hice periodista”, Editorial Sanlope, 2006; y se reproducen de nuevo el Julio 18 de 2008, Las Tunas, Cuba)