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HOMENAJE A SINDO GARAY

HOMENAJE A SINDO GARAY Por : Joel Lachataignerais Popa
E – mail jlpopa@enet.

El Siglo XX cubano contó con renombradas figuras del arte musical y particularmente en el género trovadoresco. Entre ellos, los Manuel Corona y Miguel Matamoros, hasta llegar a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Sara González, y Amaury Pérez Vidal, sin dejar a María Teresa Vera y a El Compay Segundo, cada uno con basta, conocida y brillante obra poética y musical, prestigiada en el pueblo y hacia el Universo. En la sagrada lista de glorias del arte de trovar, componer y cantar, hay una figura cumbre, Sindo Garay, monumento a la creación musical de aquellos cien años.
Habrá que agradecerle formar parte de una generación de la musicología cubana que sirvió de encadenamiento del proceso de los siglos anteriores con el presente amplificado desde el XX al futuro.
De él habrá que decir siempre su centenaria existencia, y tomar de sus exquisitos componentes.
Hoy, cuando se cumplen 40 años de su deceso, quiero recordar con ustedes mis amigos lectores, los días 17 y 18 de julio de 1968,y a partir de conocer la triste noticia ocurrida el día 17, y del instante en que fuimos, con un mar de pueblo, a rendirle tributo en la necrópolis de Bayamo, en la antigua provincia de Oriente.
Eran mis primeros tiempos como reportero.
El 5 de enero de 1947, fue proclamado Sindo Garay con el título de hijo adoptivo de Bayamo, en el Parque Céspedes de la primera ciudad Monumento Nacional de Cuba, lugar proclamado por El Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, como Plaza de la Revolución, lo que permitió a los bayameses, a pesar de las prohibiciones usar en medio de tiranías sangrientas el concepto revolución sin muchos problemas.
El no era bayamés, ni solamente oriental,era más habanero que de su natal Santiago de Cuba (Abril 12 de 1867), pues fue en La Habana donde se estableció durante más largo tiempo; un cubano muy patriota, revolucionario y rebelde consecuente, que amó siempre la Historia y en ella, las
peculiaridades de Bayamo; es por ello que sus obras dignifican el patrimonio del país y,
especialmente, la musicología,aunque nadie se explica el extraño misterio de que nunca estudió música, de cuyo secreto nunca habló, sin embargo fue capaz de comprender a los grandes universales.
Se reunía en él la proximidad poética con la tierra de Céspedes, Fornaris, Castillo, creadores de la primera canción cubana, ‘La bayamesa’; y con la de Perucho Figueredo, autor del Himno Nacional: a ellos siguió con la creación de su notable Mujer Bayamesa, aquella que reza:
“todo lo quema,
todo lo deja
ese es su lema
su religión”.
Tal vez por eso muy temprano, a mediado de Siglo, pidió a modo de testamento cultural, ser enterrado en Bayamo, la legendaria ciudad Monumento Nacional de Cuba.
I
Cuando el 18 de Julio de 1968, se supo de su deceso, a causa de una colostomía, lo primero que recordamos todos fue aquél público deseo. Y el anuncio se hizo por la radio nacional: sus restos irían a reposar a la ciudad amada.
Por vía aérea el cadáver fue llevado a Santiago de Cuba primero, donde el Partido Comunista de Cuba, el Gobierno local, el Consejo Nacional de Cultura, nombre que entonces tenía el actual Ministerio de Cultura; todos junto al pueblo con sus organizaciones, tributaron el homenaje al querido e inolvidable trovador. Allí las flores se hicieron presencia viva. Avanzada la mañana, comenzó una peregrinación que vendría por la Carretera Central, atravesando todas las ciudades y pueblos para llevar a Sindo hacia Bayamo. Vendrían allí numerosas personalidades de las artes y la cultura nacional.
Le tributaron honores Palma Soriano, Contramaestre, Baire, Jiguaní. Los pobladores de esos sitios vieron pasar por las calles al viejo cantautor, legendario, de sangre mambisa y rebelde, quien con su gloria tejió una vida centenaria que trajo a las generaciones de ese momento, el esplendor recogido por él.
Sindo Garay había sido testigo de aquellos instantes en que la Patria se debatía contra el colonialismo. Él, joven que comenzaba a pensar y a mirar el futuro, sacó de su cerebro, del corazón y con sus manos, mediante la guitarra y el verso hecho canción, poesía, canción, mensajes de amor y patriotismo.
Poeta del pueblo también, recorrió los largos años posteriores a Martí, a Maceo y a Gómez; los compartió, desde Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras, Jesús Menéndez, Eduardo René Chibás Rivas, para tener fuerza y coraje de vivir la última etapa de lucha por la independencia, que lo aclamó, como siempre fue, pero con todo el rigor que el triunfo trajo a los cubanos en la Patria nueva que llegó a conocer.
Por eso, esta vez, había conmoción. La sala de entrada al local donde actualmente radica la Casa de la Cultura de Bayamo, sitio donde había nacido el Mayor General de la Guerra de los Diez Años, Donato Mármol, fue acondicionándose para recibir el féretro.
A la hora acordada con mi compañero de batería para estas misiones, el locutor Edgard Fonseca Infante, luego de coordinaciones hechas con Ángel Ramos Cutiño, Director de la CMKX, Radio Bayamo, salimos rumbo a la intersección de las carreteras Central en el tramo que conduce hacia Santiago de Cuba (127 kilómetros al Este), y del poblado serrano de Guisa, (a 4 leguas exactas), a poco más o menos quince minutos antes de llegar a Bayamo.
Llevábamos una pequeña grabadora y un grupo importante de los diminutos carretes que usaba aquella maravilla de la técnica. Repetiríamos, de cierto modo, una operación casi habitual: grabar reportes de calle, y dejarlos en la emisora para ofrecerlos a modo de control remoto, es decir, transmisión simultánea en vivo.
Fue una reseña de algo más de media hora, reflejando la entrada en Bayamo del cuerpo sin vida de Sindo Garay, así logramos la primera parte de la programación.
II
En capilla ardiente, en el local de Cultura, frente al Parque de la Revolución, se colocó el túmulo mortuorio, con una carga de honores y flores dispuestas en coronas, cojines, y otros arreglos.
Entre ellas resaltaban las del entonces Presidente de la República y del Gobierno Revolucionario de Cuba, Doctor Osvaldo Dorticós Torrado y la del Primer Ministro, Comandante Fidel Castro Ruz.
En torno al sitio, adornaban el local muchas otras ofrendas de todos los organismos nacionales, provinciales y municipales. Había también flores de gentes del pueblo.
Allí estaban los hijos del fallecido, Hatuey y Guarionex, las integrantes del dúo Hermanas Martí, el Trío Matamoros. Ellos encabezaban la numerosa representación artístico, trovadoresca y musical, que acudió a rendir el último homenaje al fallecido trovador.
Al lado del féretro, se colocó un micrófono de amplificación local, y otro de la emisora CMKX, Radio Bayamo. En el momento indicado, se dio inicio a un singular tributo: Todos los presentes comenzaron a cantar el repertorio del extinto. El Director de la emisora, Angel Ramos Cutiño, excelente locutor, fue conduciendo el momento que la radio emitió íntegramente al pueblo. En los alrededores muchas personas asistían al poco común concierto.
Esther Borja, Los Matamoros, Las Hermanas Martí, os hijos de Sindo, Hatuey y Guarionex, figuraron en el programa, entre otros, a quienes se unieron voces locales y santiagueras.
Así fue avanzando aquél 18 de julio de 1968.
En la programación prevista, se emitían fragmentos de la reseña grabada para informar cómo llegó la comitiva de luto a Bayamo: entrevistas a las principales figuras llegadas desde La Habana y una serie de boletines en que se daba a conocer la biografía y el programa de despedida.
III
Sólo teníamos un micrófono para el único equipamiento rudimentario de “Control Remoto”. Aquello lo hacía la persona que se designara como locutor, como operador de sonidos, para el caso el locutor nominado Edgard Fonseca, hizo de operador de audio y yo, de locutor.
Fuimos aproximadamente a la una y treinta de la tarde a recoger los equipos de sonido y a trasladarlos al cementerio.
Retornamos a la emisora y logramos un descanso hasta la hora del sepelio.
La larga marcha fúnebre la acompañamos con la misma idea del recibimiento, sólo una diferencia: se enviaron las primeras grabaciones, que de existir entonces cómo editar y medir el tiempo, tendrían mejor éxito. Fue, de todos modos un excelente ejercicio.
Hicimos el anuncio de rigor. Entonces, el musicólogo cubano, Odilio Urfé, expresó un breve y profundo elogio a la trayectoria patriótico musical y poética de Sindo Garay. Destacó todo lo que en su condición de cubano, músico, poeta, compositor y hombre digno, nos queda, para llevarlo a considerar parte del patrimonio que defendió, tal y como inclusive hizo con el nombre de sus hijos: Hatuey y Guarionex.
Hubo un minuto de silencio.
Guardo esa impresión como una fotografía.


(Estas notas aparecen registradas en el libro de mi autoría “Como me hice periodista”, Editorial Sanlope, 2006; y se reproducen de nuevo el Julio 18 de 2008, Las Tunas, Cuba)
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