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Eterno abrazo a Irma de Armas

Eterno abrazo a Irma de Armas

Irma Armas Fonseca, en su casa de trabajo (Foto periódico Trabajadores)

 

Joel Lachataignerais Popa, jlpopa@enet.cu joecklouis@gmail.com

 

Allá para 1963 o 1964, nos conocimos. Fue en medio de la batalla orgánica del periodismo de los tiempos nuevos que corría por nuestras venas. Fue la mezcla de hacer algo alrededor de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, creada por el Che y su tránsito hacia Unión de Jóvenes Comunistas, la campaña de alfabetización y acercarse a los medios de difusión para contribuir a propagar la revolución en la entonces provincia de Oriente, de Cuba.

Estaba en su Holguín natal, como también Eloy y Elson Concepción Pérez, y muchos otros amigos fraternos del alma. Pero estaba también atada a Santiago de Cuba, donde emergían Carlos Nicot y Antonio Moltó Martorell, Carlos Selva Yero, Ernesto Medialdea, Heriberto Cardosa Arias y Roberto Pavón Tamayo entre otros.

Su nombre de mujer gallarda y recta, muy ética y exigente, aparecía en las páginas del periódico Sierra Maestra: Irma Armas Fonseca, donde a la vez se impregnaban las línea escritas por Maria Julia Guerra. Irma, encarnó junto a otros camaradas la unión por la lucha en la formación profesional de una venerable generación de jóvenes que –junto a ella – surgía con el interés de hacerse periodistas.

Así fue. Debiéramos tributarle el honor que merece su altruismo. Su tesonero esfuerzo la hizo visible en aquellos instantes en que existía una estructura para reproducir la vida entre orientales residentes al norte y al sur, con un centro de dirección en Holguín, para Oriente Norte y Oriente Sur, para los próximos a Santiago de Cuba, y así, la conocimos dirigente de la Unión de Periodistas de Cuba en esta zona cubana.

Con su trabajo, ganó el prestigio debido y durante años en la Dirección y Comité Nacional de la UPEC, la organización periodística cubana, que la situó en un lugar donde con su devoción e inteligencia derrochó el amor por la formación de nuevas generaciones de periodistas cubanos y latinoamericanos, al frente de la Editorial Pablo de la Torriente Brau desde 1985

Por mucho recordaremos que cada página editada allí, es el resultado de su sudor, su sangre y talento.

No vamos a saber nunca cómo fue que el corazón le pegó el adiós. Imaginemos que una emoción la embargó con fuerza motriz revolucionadora una idea nueva para hacernos avanzar adonde su impecable mirada podía llegar detrás del humo entre sus dedos, y un querer decirnos sin palabras la eternidad de un pensamiento que no nos llegó.

Imaginemos que comenzó a caminar una ruta nueva, diferente, como un lucero que enrumba la noche por derroteros que los periodistas revolucionarios debemos transitar. Y sobre todo imaginemos que sigue ahí, con nosotros, en plena lucha.

¡Hasta siempre, Irma! ¡Tu gloria es la amistad hecha mujer!

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