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“Periódico Patria”: como un premio a la obra de mi vida

“Periódico Patria”: como un premio a la obra de mi vida

El emotivo instante de la entrega del Premio PERIODICO PATRIA

 

Joel Lachataignerais Popa  jlpopa@enet.cu   joecklouis@gmail.com

 

El 17 de enero de 2014, en la tarde, cuando el sol caía hacia el oeste y bañaba la capital cubana, en la Sede Nacional de la Sociedad Cultural José Martí, entre otros, resonó mi nombre: se entregaba el Premio de periodismo PERIÓDICO PATRIA,  otorgado por la organización que rinde honores al más grande pensador cubano.

Es un pergamino que reproduce la primera plana de PATRIA del 23 de mayo de 1895;  lleva la firma del Doctor Armando Hart Dávalos, presidente de la SCJM y Director de la Oficina del Programa Martiano del Consejo de  Estados de la República de Cuba; le acompaña una reproducción de la escultura de Martí situada en la Tribuna antimperialista en el malecón habanero, cuya miniatura realizó el artista Andrés González.

Mientras avanzaba, mi mente viajaba en el tiempo. Primero recordé que hacia 1963, cuando tenía tres meses de trabajo en plantilla de redactor, el 21 de octubre, había jurado trabajar 50 años en la profesión, en honor a los jóvenes asesinados por la dictadura de Fulgencio Batista en mi ciudad natal: Bayamo. Allí ante sus tumbas, en el cementerio local, juré.

También la emoción me embargaba recordando que el 25 de enero de 1973 había dictado lo que pudiera decirse fue mi primera conferencia de la vida. Era un homenaje a Martí.

Entonces era ideológico de la UJC en el Puesto de Mando de “El Yarey”, Jiguaní, Bayamo y trabajaba al servicio del Delegado del Buró Político del Partido Comunista de Cuba en Oriente. Cuando estaba hablando, una de mis compañeras me hizo llegar una nota: “En la oficina está Hart esperando que termines”

Cuando llegué me pidió que le precisara algunos detalles de la denominada conferencia, pues él – sin yo saberlo la había escuchado – y luego de explicarle, preguntó “de donde sacaste esos datos”, y ante mi indecisión,  me dijo con acento de maestro:

“Todo lo que has dicho está muy bien. Incluso lo que te señalo. Sólo que debes recordar siempre que todo lo que digas tienes que explicarlo bien, aun cuando sean ideas tuyas, porque todo tiene un origen y una referencia de antecedentes. No lo olvides”

En eso pensaba, cuando llamé la atención del vicepresidente de la Sociedad, el Master Erasmo Lazcano, para advertirle que el acto, como el había dicho se realizaba sin electricidad que restaba la lucidez de los efectos sonoros electrónicos, pero –dije- “tenemos el baño de luz del Sol, suficiente para sentirnos honrados”.

Así liberaba toda mi tensión del momento, cuando avancé hasta donde Hart, ahora sentado en una silla de ruedas, aguardaba y me extendía el diploma, me hacia llegar la estatuilla y del otro lado Betty, Esperanza y la demás muchachitas de la Sede, sonreían y me entregaban un ramo de margaritas…

Nunca trabajé para premios. Mis mayores premios siempre han sido apreciar que los demás entiendan lo que escribo y lo que digo en la radio; que puedan aceptar una fotografía de mi inspiración, mis crónicas y comentarios. Poder contribuir a que otros, prioritariamente los jóvenes, reciban algún beneficio que les pueda aportar.

Sin embargo no puedo dejar de reconocer aquello que Martí aporta al respecto en su artículo “Los oficios de la alabanza”, cuando dice “el elogio oportuno fomenta el mérito”. Sin creerme merecedor de mérito alguno, lo siento oportuno y como un promotor que me impulsa a seguir adelante. Lo coloco como el premio de mi vida y al lado de la medalla – moneda – de los 50 años de la Unión de Periodistas de Cuba.

Aunque no he trabajado para premios, este me resulta grato, estremecedor y estimulante. Sobre todo porque pronto, el 1 de marzo, se cumplirá el primer aniversario de pertenecer al grupo profesional de los que ya no somos plantilla.

Vale tanto que me resultan inolvidables los abrazos de tantas personas del pueblo que me atajan en las calles para felicitarlo y los besos quemantes de las muchachitas compañeras de profesión, y alumnas...Los amigos y las amigas que “me dan su mano franca”.

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