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LAKASTAGNER

Un recuerdo de Luis Carbonell

Un recuerdo de Luis Carbonell

 El fundador de la narración oral en uno de sus últimos actos


Joel Lachataignerais Popa  jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com

 

Ha fallecido Luis Carbonell, “El acuarelista de la poesía antillana”.

Recuerdo que en mi niñez, muchas veces de la mano de mi papá, iba trajinando las calles del barrio de Santiago de Cuba, donde él nació y vivió. Allí cerca de su casa natal estaba la humilde vivienda donde vio la luz Luis Carbonell.

Muchas anécdotas de su infancia me contaba papá, vivencias de aquellos niños de la época, que en oportunidades los reunió en juegos de calle, aunque recordaba que apenas podían ver al pequeño tocayo, siempre resguardado en su casa, bajo el manto de mamá.

Con  esos recuerdos crecí y un día –años más tarde- nos detuvimos en la puerta de su casa. Papá saludó y me dijo que esa era la casa de los Carbonell. Vi  -desde lejos- la sala modesta y en la pared del fondo una fotografía de gran tamaño reproduciendo al artista en plena faena profesional.

Me acostumbré a escucharlo por la CMQ y después por Radio Progreso y en la televisión. Resultaba grato, divertido, saludable escucharlo en aquella metamorfosis verbal, que pasaba de narrador a personajes, diversos personajes: Un negro, un bien hablado, un mal hablado, una mujer, un esclavo, un policía, un pregonero, un cantante o una cantante, un uno o un una… así era el estilo que viví de Luis Carbonell.

Y recibí muchos mensajes de alto valor humanístico, cultural, histórico…Arturo Liendo, Nicolás Guillén, Enrique Núñez Rodríguez y otros relevantes de la poesía cubana y universal, fundamentalmente caribeña, llegaron a mi acervo gracias al decir de Carbonell por radio, televisión o un teatro…

Una vez se anunció su presencia en Bayamo. Actuaría en el Teatro “Estrada”, - hoy “Céspedes” - situado frente al parque central de la ciudad monumento.

Era el mediodía. Como la emisora de radio, -CMKX-, estaba en los altos de aquel teatro, yo tenía que atravesar el parque para dirigirme a sus estudios. Allí mismo, cuando iba próximo a la glorieta, donde se alza el monumento al Padre de la Patria, venía Luis Carbonell, en sentido contrario, llevando al hombro unos percheros con sus trajes de “acuarelista”.

Me adelanté.

- Con permiso. Soy periodista. Mi nombre es Joel Lachataignerais Popa.

Él respondió a mi saludo dándome la mano. Y hasta se detuvo para escucharme. Le hice unas preguntas muy sencillas requiriendo información sobre lo que haría en el recital de la noche. Después le dije quien era mi padre, (Luís Felipe Lachataignerais Calderín) y él me miró con un gesto de infantil alegría y reconocimiento.

- ¡Ah sí! ¡Luisito! ¿Qué es de él?...

- Él le recuerda mucho y seguramente vendrá a verle…

Y muy brevemente le hablé de mi padre cuando ya era un maestro jubilado.

    - Dile a Luisito que será un  placer que venga a verme al Teatro. Que nunca he olvidado a mis amigos de la infancia.

 

Después de los aplausos me quedé esperando el encuentro entre mi papá y Carbonell. Lamentablemente no se produjo, pero nunca olvidé ni olvidaré este momento.

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