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CARACAS VISITÓ LAS TUNAS: UNA HUELLA EN LA MEJILLA TUNERA

CARACAS VISITÓ LAS TUNAS:  UNA HUELLA EN LA MEJILLA TUNERA

  • Otra vez la música, la cultura, hermana pueblos.
  • Se demostró que en cultura como en música, solo hay dos extremos: bueno y malo…
  • Aquí disfrutamos de algo superior.

 Por: Joel Lachataignerais Popa

          jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com

 

No es posible olvidar el mensaje que legó José Martí a los cubanos y venezolanos y a  todos los que vivimos en el continente Latinoamericano, cuando por primera vez al llegar a tierras venezolanas, lo primero fue acudir al monumento a Simón Bolívar, erigido en la plaza pública: nos estaba pidiendo tenerlo siempre presente en el llamado de independencia latinoamericana para la forjar la unidad de una integración de pueblos del Sur.  

Es por eso que cuando escuchamos la Orquesta Sinfónica de Venezuela en su actuación de excelencia el 17 de noviembre, Día Internacional del Estudiante, en el modesto Teatro Las Tunas, de la ciudad que vio nacer al patricio cubano, Mayor General Vicente García González,([1]) recordamos que éste se estableció en el sitio denominado Río Chico, allí en Venezuela, murió, donde España ordenó asesinarlo el 4 de marzo de 1886.( [2]) y es como si de nuevo, llevados por el influjo sublime de los acordes robustos de arpa,  violines, violoncelos, bajos, fagotes… nos reuniéramos con el Apóstol en aquel peregrinaje histórico.

Con el maestro Angelo Pagliuca, viajó el ‘alma llanera’ para visitar ‘el alma del Cauto’ en este paraje cubano situado justo al lado del gran llano que circunda el más grande de los ríos de nuestra Isla, el Cauto: así Caracas, viajó a Las Tunas y otra vez la cultura, específicamente la música, hermana pueblos.

Aquel lazo simbólico y real del viajero que no se sacudió el polvo de sus ropas sin antes acudir ante Bolívar, trenzó un nudo en la tierra de Vicente García,  que apenas dejaba expresarse en las palabras del gran director, Angelo Pagliuca; o de Alejandro Ramírez,  Presidente de la Sociedad Orquesta Sinfónica Venezuela. Vimos un Pagliuca sensual y vibrante con la batuta en la mano, quien amoroso, con respeto y fuego de alegría en los ojos, dedicó frases elogiosas a quienes aún minutos después de concluido el encuentro, de pie, tributan un mar de aplausos.

Sus manos evolucionaron en el breve espacio del teatro a partir de las nueve en punto de la noche: Marcaron compases y el recinto se estremeció heroico: el Himno Nacional de Cuba se dejaba escuchar vigoroso con toda su carga de emotividad que luego creció cuando en posición militar escucháramos la pieza Patria venezolana y al concluir ambos alguien colocó un punto y seguido con una frase que todos suscribimos: ¡Viva Venezuela!: Así comenzaba su encuentro con nosotros Angelo Pagliuca y su gran colectivo.

En el primer momento del programa se expresaron las antológicas ‘Caballería ligera’, de F. von Suppé,  muy conocida y aplaudida por todos, y acto seguido, ‘Concierto para violín y orquesta’ de P. I. Tchaikovsky, con la actuación distinguida y prominente de  un solista que sorprendió: violín en manos, Iván Pérez: y como truenos con relámpagos del corazón se sintieron los aplausos para reconocer a quien esperábamos con mayor edad.

Después de unos minutos de receso, vino un proceso aleatorio de aquella música que revolucionó siglos atrás, para mezclarse con lo tradicional y autóctono de la cultura  popular tradicional de la expresión musical de América Latina de los Siglos XX y XXI: fue el sello de la sorpresa, para demostrarse a sí misma y ante los presentes como patrimonio de todos, e indicarnos  que en cultura como en música, solo hay dos extremos: bueno y malo…

La voz sana, transparente, salida del pecho del cantor llanero, Luis Lozada, (‘El Cubiro’), continuó la armonía emprendida por la orquesta e interpretó Pajarillo, de Aldemaro Romero, donde sobresalieron los músicos del Grupo del ‘Cubiro’ Carrazo Carrazo, de José ‘Cheo’ Ramírez, al igual que en las demás obras: Bogando de Alexis Prieto y Fiesta de Elorza, de Eneas Perdomo, entre otras.

Una dramaturgia cuidadosa  sostuvo el concierto desde sus inicios. A esta altura fuimos sorprendidos mucho más, porque las orquestaciones y arreglos presentados fueron estructurados de sumo natural, pero con tal elocuencia que se distinguían en un poder de alcanzar que todos los instrumentos brillasen con virtualidad. 

Los cubanos, tuneros en este caso, otra vez al disfrute de Pescador del Río Apure, de Eneas Perdomo, Wooman del Callao, de Juan Luis Guerra; Moliendo café, de Hugo Blanco y una Fantasía Cubana cuyo arreglo corresponde al maestro Sergio Erguin, que puede calificarse de única, por su belleza, esplendor, sublimidad y empaste arquitectónico musical. Como en un lienzo que se teje pasando por puentes  cuidadosamente, llegaron a los oídos pasajes en que armonizaron todos los sonidos – el son, el danzón, el chachachá - hasta conmover y arrancar un sólido aplauso de todos:

Sujetos los pechos de los asientos, en un silencio casi absoluto, el deleite alcanzó alta premonición, las almas bailaron en un conjuro de admiración e integración moral a través de la cultura y de la música de todos: Fantasía cubana nos trajo El Manisero, Guajira guantanamera, El Carbonero… y la hermandad se suscribió de nuevo en aplausos: Angelo Pagliuca, mostró nuevamente su energía mirándonos a todos. Ahora vestido de blanco, tomó posición de nuevo y ordenó a su orquesta iniciar para cerrar con Alma Llanera: la mejor que he escuchado.

Nos regocijamos con algo superior: equivalente a decir Caracas visitó Las Tunas: Aquellos quedaron admirados por el abrazo de pueblo que recibieron. Todos ganamos gracias a  Martí, Bolívar, Hugo, Fidel, el ALBA, la integración.

Por eso aquella imagen de mujer cubana acercándose al músico junto al ómnibus, siempre estará presente: ‘Muy bueno su concierto, no lo olvidaré jamás’, le  dijo, y agregó: ‘… déle un beso grande  a todos sus compañeros y envíele otro a Chávez’.

Aquel, enrojecido, bajó su cabeza y dejó una huella en la mejilla de la tunera…



[1] Vicente García González, alcanzó grados de Mayor General del Ejército Libertador, Mambí; la historia lo recuerda como iniciador de las luchas cubanas por la independencia, Presidente de la – República en Armas, brillante militar, fue asesinado por España en Río Chico, Venezuela.

[2] Marrero Zaldívar, Víctor, Cronología mínima de Vicente García, Dirección Provincial de Cultura de Las Tunas, 1988.

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