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HISTORIAS DE UN JOVEN MAESTRO AMBULANTE (III)

HISTORIAS DE UN JOVEN MAESTRO AMBULANTE (III)

  • El 22 de diciembre de 1961, Cuba se proclamó como primer territorio libre de analfabetismo en América Latina.
  • ‘… se necesita abrir una campaña de ternura y de ciencia, y crear para ella un cuerpo, que no existe, de maestros misioneros.” [1]
  • Fidel, Fidel: dinos qué otra cosa tenemos que hacer.

 Por: Joel Lachataignerais Popa

         jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com

 

 

El traslado a la capital del país era un anhelo de todos. En su gran mayoría veríamos por primera vez los altos edificios que hasta entonces conocíamos por fotografías vistas en los periódicos y los escasos momentos en que desde una ventana  podíamos asomarnos a los televisores de quienes poseían este aparato.

El coche ferroviario era un vagón de aquellos que se utilizaban para el traslado de cargas. Estaba techado con pencas de palmas, simulaba los bohíos campesinos tradicionales. En unos iban los varones y en otros las hembras. Cada grupo tenía un jefe encargado de las necesidades primarias. Al frente de mi tren, iba un reconocido actor de la radio, la televisión y el naciente cine cubano, Baldomero Peláez, quien vino a mi cubículo con un dirigente de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), y propuso a los demás que me encargara de representarlos, así fue hasta llegar a La Habana. 

Nunca olvido aquellas primeras imágenes posteriores a la provincia de Matanzas; los llanos extensos de tierra roja matizaban el verdor de las cañas, palmas, naranjales y otras plantaciones. Luego, desde una elevación que primero hace un giro de curva casi cerrada por donde se aprecian nombres como Perico, La Víbora y otros, se comienzan a ver los altos edificios, entre ellos la estructura enorme a cuyos pies reposa el monumento a José Martí, en lo que aún se denominaba ‘Plaza Cívica’ – hoy Plaza de la Revolución ‘José Martí’ – después, la torre de la cúspide del edificio de comunicaciones, la cúpula del antiguo Palacio Presidencial, y en todo su orgullo identitario de la gran ciudad, el Capitolio…así llegamos.

Íbamos, reunidos por el asar, los primos: Rubén, Aurelio y Pepito, mi hermano Edel y yo. En cada parada del tren compartíamos las meriendas, almuerzo y comida.

José Popa, (Pepito), el primo más querido, residía en La Habana desde 1954 y se encargó de servirnos de guía a los demás. Fue un excelente anfitrión. Nos llevó a todos los lugares importantes en aquellos días que mediaron entre el 18 y el 22 de diciembre de 1961; y estuvo  junto a todos en aquel gigantesco desfile de blusas y camisas grises con pantalones vcerdeolivos, de manos alzadas con lápices, libretas, faroles, inopinas y alegrías… Así se lo recordé la última vez que lo vi, antes de su fallecimiento en noviembre de 2009. Y el primo sonrió una mirada de nostalgia y agradecimiento.

Cada vez que rememoro el instante, llega a mi mente la voz de un locutor de Radio Progreso, La Onda de la Alegría - emisora que cumplía entonces 32 años de existencia -, aquella voz animaba a caminar: ‘Levanten los faroles, los lápices, las cuartillas…adelante vencedores, adelante futuro de la humanidad’, así decía aquel amigo que ya conocía de tanto escucharlo en mi casa.

Y nosotros, aquel mar de muchachas y muchachos, llegando a la Plaza, adonde nos reunimos en un gran coro, cantábamos una tonada que era una consigna, un lema, un apotegma, una decisión: “Fidel, Fidel, dinos qué otra cosa tenemos que hacer”.

Y allá en lo alto, Celia Sánchez, Melva Hernández, Vilma Espín; y junto a ellas: Juan Almeida, Guillermo García, Ramiro Valdés, Armando Hart Dávalos, el joven Ministro de educación, quien había dirigido la colosal campaña que nosotros habíamos promulgado cual nuevo ejercito rebelde.  , allí estaban Raúl Castro y  el Che, junto a Fidel, irradiándonos con su imagen.

Y Fidel, siempre complaciente, nos habló, después de que se elevara al cielo la gigantesca bandera que declaraba al mundo que Cuba era ya Territorio Libre de Analfabetismo. Habló y respondió a nuestra pregunta sobre qué debíamos hacer entonces.

Definió por primera vez en cuba un enorme plan de becas, que beneficiaba en primer término a los alumnos que hubiesen terminado el sexo grado en aquellos sitios donde no había Secundaria Básica, o Preuniversitarios para hacerse bachilleres o técnicos, que irían a estudiar como becarios para formar la gran legión de médicos, ingenieros, técnicos y maestros que necesitaba el país. Fue el inicio de todo el recorrido por la educación, hacia la cultura hoy alcanzada.

Nosotros decíamos: “Fidel dinos qué otra cosa tenemos que hacer”, él, elocuente, fiable, nos dijo:  La Revolución, después de haberles pedido el esfuerzo que han hecho en la alfabetización, después de haberles pedido que llevaran por valles y montañas la enseñanza, ahora les pide que se hagan técnicos, que se hagan ingenieros, que se hagan economistas, que se hagan maestros, que se hagan instructores de arte, que se hagan artistas, que se hagan profesores (Aplausos).[2]

Ahora tienen que trabajar con ustedes, ahora tienen que trabajar con ustedes, ahora tenemos necesidad de seguir adelante; pero de seguir adelante intensivamente, de seguir adelante con toda urgencia. Ahora tenemos que trazarnos otras metas, ahora tenemos que trazarnos otras proezas.[3]

Por ahí comenzamos y aquí estamos.

 



[1] José Martí Pérez, O. C. tomo 8;  paginas 288 – 292; el artículo apareció originalmente en La América, Nueva York, mayo de 1884.

[2] Fidel Castro Ruz, discurso pronunciado el 22 de diciembre de 1961 en la Plaza José Martí, para proclamar a Cuba como Primer Territorio libre de analfabetismo en América Latina, ante más de cien mil jóvenes que acababan ese día de lograr la proeza.

[3] Idem.

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