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LAKASTAGNER

EN CIUDAD DE LA HABANA FUE EL PRIMER 26 CON FIDEL

EN CIUDAD DE LA HABANA FUE EL PRIMER 26 CON FIDEL Fue la concentración millonaria de campesinos cubanos en la ciudad de La Habana, llenando la Plaza Cívica, aquél lugar que despues cambió su nombre sin perder el civismo simbólico que la envuelve siempre ante el recuerdo y la memoria del apóstol José Martí, el autor intelectual de los sucesos del 26 de Julio.
Fue el día en que al cumplirse cinco meses de la renuncia de Fidel astro Ruz, al cargo de Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, y luego de anunciarse por el locutor, que el joven abogado, había decidido volver a esa responsabilidad, un mar de pueblo lanzó al aire millares, centenares de gorras, sombreros, boinas, pañuelos, banderas... y un bullicio atronador colmó los aires en torno a la figura de mármol el Héroe José Martí, que asistía al suceso como testigo desde el tiempo.
El pueblo aclamaba al jefe del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, Jefe de la Revolución, quien todavía no se proclamada pero ya era el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana y desde ya, los pueblos de América admiraban y tomaban como propio.
Aquel primer 26 de Julio, el del año de la Liberación, 1959, Fidel habló claro como siempre y dijo sentencias, que entre otras recordamos seguidamente, porque vale la pena siempre hacer memoria:

La presencia humana del campesino

El primer tema desarrollado con amplitud y entusiasmo por Fiel en aquel primer acto por el 26 de Julio fue la presencia de los campesinos, clase a la cual las dictaduras siempre mantuvieron sojuzgadas, vilipendiadas, maltratadas en grado sumo.
Habían sido convocadas en número de medio millón y la Plaza reunía algo más de un millón de hombres de tierra adentro. Ese era en primer lugar, el destinatario de aquel célebre discurso, que rememoraba el sexto aniversario del 26.
Con vehemencia, seguridad, profundidad profética, Fidel hablaba, y tomaba uno y otro tema:

“Pocas veces en el mundo se puede haber visto una congregación humana más unida, más fervorosa, más combativa que esta congregación humana que es hoy nuestro pueblo. Si otros pueblos del mundo pudiesen ver eso, como réplica a las campañas, como réplica a las calumnias, como réplica a los agravios que se infieren a la Revolución, que significa el sentimiento absolutamente mayoritario de nuestra patria, tengo la seguridad de que ni un solo ciudadano de otros pueblos dejaría de sentir simpatías hacia nosotros y dejaría de solidarizarse con nosotros, de la misma manera que nosotros espontáneamente nos solidarizamos con cualquier esfuerzo justo que por los mismos fines que nosotros pueda hacer cualquier otro pueblo del mundo (APLAUSOS).
Pero nosotros, desgraciadamente, no podemos disponer para divulgar nuestras verdades de los medios de divulgación que informan al mundo, nosotros no podemos contar siquiera con la imparcialidad de esos órganos de divulgación. Nosotros somos víctimas de todos los escritos interesados y amañados y de todas las informaciones de igual índole que se hagan contra nuestra Revolución. Nosotros no somos los dueños de esas agencias que se encargan de divulgar todas las calumnias imaginables contra Cuba. Nosotros no podemos contar siquiera con la imparcialidad de esos órganos que en el extranjero nos atacan, esos mismos órganos que han atacado toda causa justa, esos mismos órganos que han atacado en esos propios países a los gobernantes más honrados y más capaces que han tenido. Nosotros no podemos siquiera contar con la imparcialidad de esos órganos y tenemos que ser víctimas de todas esas calumnias.
Pocas veces en el mundo se puede haber visto una congregación humana más unida, más fervorosa, más combativa que esta congregación humana que es hoy nuestro pueblo. Si otros pueblos del mundo pudiesen ver eso, como réplica a las campañas, como réplica a las calumnias, como réplica a los agravios que se infieren a la Revolución, que significa el sentimiento absolutamente mayoritario de nuestra patria, tengo la seguridad de que ni un solo ciudadano de otros pueblos dejaría de sentir simpatías hacia nosotros y dejaría de solidarizarse con nosotros, de la misma manera que nosotros espontáneamente nos solidarizamos con cualquier esfuerzo justo que por los mismos fines que nosotros pueda hacer cualquier otro pueblo del mundo (APLAUSOS).
Pero nosotros, desgraciadamente, no podemos disponer para divulgar nuestras verdades de los medios de divulgación que informan al mundo, nosotros no podemos contar siquiera con la imparcialidad de esos órganos de divulgación. Nosotros somos víctimas de todos los escritos interesados y amañados y de todas las informaciones de igual índole que se hagan contra nuestra Revolución. Nosotros no somos los dueños de esas agencias que se encargan de divulgar todas las calumnias imaginables contra Cuba. Nosotros no podemos contar siquiera con la imparcialidad de esos órganos que en el extranjero nos atacan, esos mismos órganos que han atacado toda causa justa, esos mismos órganos que han atacado en esos propios países a los gobernantes más honrados y más capaces que han tenido. Nosotros no podemos siquiera contar con la imparcialidad de esos órganos y tenemos que ser víctimas de todas esas calumnias.


Nosotros no somos enemigos de ningún pueblo y porque nosotros lo que queremos son las mejores relaciones de amistad con todos los pueblos

Fidel repudió ya, en aquel momento tan temprano, un asunto que aún es vigente: las interpretaciones mediáticas de la democracia, loes derechos humanos, la soberanía, al criticar, de modo categórico, a los medios de prensa, los poderosos, gobiernos y empresarios, que desde diversas partes del mundo, comenzaban ya a hacerse eco de los análisis desinformantes de Estados Unidos sobre el proceso creador de la revolución cubana.
Fidel Castro Ruz, en aquella su primera aparición para rendir tributo a los acontecimientos del 26 de Julio de 1953, estableció criterios que la revolución cubana universaliza sobre la hermandad entre los pueblos, principios defendidos por José Martí, Simón Bolívar y otros pensadores latinoamericanos.
Trasmitió al pueblo cubano líneas éticas que han sido rigurosamente respetadas y cumplidas por el proceso cubano.

“Esos que les mienten a los pueblos, esos que descarada y cínicamente quieren engañar a otros pueblos despertándoles temores sobre nuestra Revolución, esos intereses creados y egoístas, esos que quieren engañar a otros pueblos, esos solo están velando por sus intereses bastardos y egoístas, porque ningún pueblo tiene nada que temer de nuestra Revolución.
Cuando digo que nuestra Revolución es fuerte, cuando digo que nuestra Revolución es fuerte no expresamos una fortaleza agresiva contra nadie. Para agredir a otros pueblos no seríamos fuertes, porque nuestra fuerza está en la justicia de nuestra causa, y no es justo agredir en ningún orden —ni en orden político, ni en orden económico— a otros pueblos.
Cuando digo que nuestra Revolución es fuerte, quiero decir que nuestra Revolución es fuerte para defenderse, y ahí sí que digo que no hay fuerza en el mundo capaz de vencer a nuestra Revolución (APLAUSOS).
Cuando digo que nuestra Revolución es fuerte, significo que sabemos lo que queremos, que sabemos lo que estamos haciendo, y que nos sabemos en nuestro justísimo derecho de hacerlo, porque todos los pueblos tienen el derecho fundamental de luchar por el progreso, de luchar por un destino mejor, que signifique el máximo grado de felicidad posible. Ese derecho, que es el más legítimo derecho de todos los pueblos, es también un derecho nuestro. Y sabemos que lo que estamos haciendo no persigue perjudicar a ningún otro pueblo del mundo, sino persigue realizar el legítimo derecho del pueblo de Cuba a ser feliz.
Cuando actuamos así, sabemos que lo hacemos en uso de otro derecho sagrado a los pueblos, que es el derecho a la soberanía. Sabemos que estamos ejerciendo ese derecho a nuestra soberanía, que nadie tiene derecho a interferir la soberanía de ningún pueblo, que nadie tiene derecho a fiscalizar los actos que un pueblo con mayoría abrumadora como este está realizando.
Que nosotros no tenemos que rendirle cuenta a nadie de nuestros actos, porque somos un pueblo libre, porque somos un pueblo soberano, porque tenemos derecho a luchar por nuestra felicidad, y porque ese derecho es un derecho soberano y sagrado de los pueblos, porque Cuba es una república independiente y soberana. Que por eso decenas de miles de cubanos han muerto desde mediados del siglo pasado, que por eso ha tenido que luchar muy duramente nuestra patria.
Por eso, porque nuestra patria es soberana e independiente, porque no somos ni protectorado ni colonia ni alcaldía de ningún otro país, es por lo que digo que estamos ejerciendo el legítimo derecho de un pueblo a su felicidad y a su libertad. Y lo estamos haciendo de la única manera legítima, porque no es una minoría que se imponga a una mayoría por la fuerza: lo estamos haciendo con una absoluta mayoría del pueblo. Y si no es legítimo aspirar a la felicidad ejerciendo el derecho a la soberanía que tienen todos los pueblos y haciéndolo con el respaldo mayoritario de la nación, porque los que mandan son la mayoría de la nación, entonces ¿qué cosa sería legítima en un pueblo?
Los cubanos estamos ejerciendo esos derechos tan legítimos que solo los insensatos se atreven a desconocer; solo aquellos a quienes el egoísmo o la ignorancia ciegue, se atreven a desconocer; solo aquellos que puedan hablar en nombre de principios egoístas, colonialistas, explotadores, enemigos de la libre determinación de los pueblos, enemigos de los gobiernos mayoritarios y democráticos de las naciones, se atreverían a desconocer. Porque solo egoístas, ignorantes o insensatos se pueden considerar esos políticos extranjeros, que haciéndole un flaco servicio al pueblo al que pertenecen —porque nosotros no somos enemigos de ningún pueblo y porque nosotros lo que queremos son las mejores relaciones de amistad con todos los pueblos—; solo políticos ciegos, solo escritores mercenarios, solo hombres que se mueven aspirando a defender bastardos intereses, son capaces de desconocer esta realidad de que somos un pueblo soberano que aspira a la felicidad por voluntad palpable e innegable del 95% de sus hijos (APLAUSOS)”.



Qué equivocados están

Ya por aquella época, a sólo siete meses de revolución, se comenzaba a fomentar la idea de devolver el pasado a los cubanos. Círculos batistianos, establecidos en los Estados Unidos, con apoyo gubernamental yanqui, promovían – como aún promocionan - un criterio anacrónico: derrotar la revolución para hacerse cargo de nuevo de aquel ultraje.
Fidel Castro, les expuso un principio raigal inconmobible que se cumple cada día:

Cuánto se equivocan los que piensen que Cuba se puede resignar tranquilamente a volver al pasado. Cuánto se equivocan los que creen que aquí pueden venir otra vez los criminales de guerra, que pueden venir otra vez los asesinos, aquellos jefes de ejército, jefes de policía, jefes de cuerpos de investigación y jefes de cuerpos de represión que eran el terror de toda la ciudadanía, que nos hacían vivir en aquella tristeza, en aquella amargura, en aquella humillación permanente. Qué equivocados están los que creen que la seguridad y la libertad de hoy, el honor de hoy, la soberanía de hoy, la gloria de hoy, el prestigio de hoy, el pueblo de Cuba se resignaría mansamente a que se lo arrebataran para volver a imponerles aquel pasado odioso (APLAUSOS).
Qué equivocados están los que crean que aquí pueden regresar a buscar sus prebendas, que aquí pueden regresar a buscar sus negocios, a buscar sus edificios, a buscar sus fincas y a buscar sus cuentas de bancos los criminales que tan cobardemente se fugaron el primero de enero para ahora estar sirviéndoles de instrumento a enemigos de nuestra patria, para ahora estar en contubernio con los peores enemigos de Cuba, en un presunto propósito de volver a nuestra patria, porque esos negocios no los volverán a tener jamás. Ni aquí se volverá a implantar el juego odioso y explotador de nuestro pueblo, ni aquí se podrá volver a implantar la tortura, ni aquí se podrá volver a implantar la malversación, la prebenda, ni aquí podrán volver a recobrar sus edificios, ni aquí podrán volver a recobrar sus fincas, porque esas 8 000 caballerías de tierras, esas caballerías de tierras pasarán a manos de nuestros campesinos; ni aquí podrán volver a recuperar sus cuentas bancarias, porque esos 20 millones de pesos, ¡esos veinte millones de pesos! van a parar directamente a manos de los campesinos en equipos, en créditos, en semillas, en viviendas y, en fin, en todos los propósitos que la reforma agraria persigue (APLAUSOS).


Nuestros enemigos son los grandes intereses, los grandes monopolios, los grandes intereses creados de la oligarquía internacional

Así como temprano explicó a los cubanos el compromiso de la revolución hacia el pueblo, cómo actuarían los medios de difusión para intentar frenar la revolución, el actuar de los interesados a evitar la revolución en América, Fidel Castro precisó con lenguaje popular y definición determinante para siempre, adonde mirar para encontrar los enemigos de la revolución.

“Iremos siempre hacia los que más nos necesiten, y cuando hayamos ayudado a los que más lo necesiten, volveremos a ayudar entonces a los que más nos necesiten, y siempre iremos ayudando, por encima de todo, a los que más nos necesiten, porque esa es una ley fundamental de la equidad humana (APLAUSOS).
Como los campesinos, como nuestros hermanos campesinos son hoy los que más nos necesitan, a ellos tenemos que ayudarlos en esta primera etapa, y ayudarlos de la misma manera en que ellos a su vez, en la medida en que se liberen económicamente, en la medida en que progresen, ayudarán al progreso de toda la nación. Porque la primera gran verdad que nuestro pueblo comprendió —y ahí el porqué del porcentaje tan alto de ciudadanos que respaldan a la reforma agraria—, la primera verdad fue que la reforma agraria no solo era la liberación del campesino, sino también la liberación de todo el pueblo.
Así, hoy nos toca ayudarlos a ellos. Y el pueblo los seguirá ayudando. Y nosotros continuaremos dirigiendo hacia ellos, como hacia los pescadores, como hacia los carboneros, como hacia todos aquellos sectores que viven en las peores condiciones, hacia allá iremos dirigiendo nuestro esfuerzo; hacia la educación de los hombres, de los hijos de las familias campesinas. Porque el analfabetismo tenía un índice muy elevado en nuestros campos, porque no había escuelas ni maestros suficientes; la mortandad infantil tenía un índice elevado en nuestros campos porque no había asistencia médica ni condiciones de salud. Pero no estará lejano el día en que hasta el hijo del campesino que vive en los más remotos rincones de Cuba sea también un estudiante. Porque estudiantes —como decía ayer en la reunión de los delegados de la Federación de Estudiantes de Segunda Enseñanza—, estudiantes deben ser todos los hombres jóvenes, estudiantes deben ser todos los niños y todos los jóvenes; porque no hay razón para que estudiantes solo sean una parte del pueblo, cuando estudiante debe ser todo niño en edad escolar, todo joven en edad de enseñanza secundaria, todo joven en condiciones de adquirir una carrera.
Llevaremos no solo la tierra, no solo la satisfacción, los remedios a los males materiales; llevaremos también los remedios a los males espirituales. Y por ahí hemos empezado.
El campesino de hoy es el héroe de la patria. El campesino de hoy ya no es el hombre de ayer, a quien los intereses creados y los poderosos se interesaron en mantener tanto en el olvido, en la ignorancia y en el ridículo, porque querían que aquel hombre jamás se liberara.
El campesino hoy es el héroe de Cuba, es el héroe del campo y es el héroe de las ciudades. El hombre aquel de ayer es hoy el héroe, el soldado de la Revolución que esgrime su arma, que es su arma de trabajo, y el símbolo de su arma revolucionaria y el símbolo del arma con que está dispuesto a defender las conquistas de la Revolución.
Así avanza la Revolución. Algo ha avanzado en estos seis meses y continuará avanzando cada vez más firmemente; quizás no con toda la premura que deseamos, porque las posibilidades de desarrollo de nuestro país están limitadas por las circunstancias económicas y los recursos que tenemos ahora, y los cubanos no podemos contar más que con nuestro propio esfuerzo; los cubanos no podemos contar más que con el fruto de nuestro trabajo, y solos en el orden económico tenemos que labrarnos nuestro porvenir.
Así pues, compatriotas, al terminar este acto de hoy, al conmemorarse este sexto aniversario, el sexto año de aquel esfuerzo realizado por nuestra juventud para librar a la patria de la tiranía; este sexto año, que fue precedido por un 26 de Julio en la cárcel, dos 26 de Julio en el exilio, dos 26 de Julio en campaña en las montañas; en este 26 de Julio de la libertad, cuando al fin se comienzan a ver los frutos no del sacrificio de nosotros, sino del sacrificio de todos los hombres que lucharon desde mediados del siglo pasado por estos triunfos que ellos ayudaron a fundar —porque nosotros no somos sino los afortunados testigos de una obra que es la obra de varias generaciones de cubanos—, al conmemorarse este sexto aniversario del 26 de Julio, y al pensar en las glorias de nuestra patria, en las glorias nacionales y en las glorias internacionales alcanzadas con honor, en el prestigio de nuestra patria, en la simpatía que tienen los hombres de pensamiento de nuestro continente... Porque la simpatía de los buenos de América corre pareja al odio de los malos de América, porque, dime quiénes son tus enemigos y te diré quién eres.
Nuestros enemigos son Somoza, Trujillo, el senador Eastland, que es racista, que es colonialista (EXCLAMACIONES); nuestros enemigos son los grandes intereses, los grandes monopolios, los grandes intereses creados de la oligarquía internacional. Y nuestros amigos son Lázaro Cárdenas, el senador Allende, la hija de aquel ilustre y extraordinario líder, la hija y la esposa de Jorge Eliecer Gaitán, que fue un apóstol de Colombia y cuyo recuerdo es todavía la fuerza que impulsa el ansia de progreso de aquel país. Y así, todos y cada uno de los visitantes ilustres, que nos visitaron esta vez en número crecido y que nos visitarán en el futuro en número cada vez mayor, porque saben que necesitamos de su aliento, porque saben que necesitamos de su presencia, porque saben que necesitamos de su testimonio. Porque la palabra de un Lázaro Cárdenas, como la palabra de Allende, como la palabra de la hija de Gaitán, como la palabra de Paz Estenssoro, como la palabra de Arévalo, como la palabra de todos los líderes prestigiosos de esos países, valen más que los cables calumniosos de los enemigos de nuestra Revolución (APLAUSOS). Y nos visitarán porque saben que nuestra Revolución necesita de su aliento, porque saben que ayudar a la Revolución Cubana, ayudar a la liberación de Cuba, es ayudar a la liberación de todos los pueblos hermanos de América Latina.
Al pensar en este momento de excepcional emoción, surgida del despertar de la libertad, del despertar de la fe y la esperanza, al ver cómo se comporta nuestro pueblo, lo que siento es deseos de exclamar que nunca como en estos instantes nos hemos sentido tan orgullosos de ser cubanos; nunca nos hemos sentido tan orgullosos de nuestro pueblo, y nunca nos hemos sentido tan orgullosos de nuestra bandera, de nuestra bandera de la estrella solitaria, que cuando la veíamos hoy desplegarse al viento, bañada por los rayos del sol al atardecer, sentíamos ese júbilo infinito, ese júbilo que fue el sueño de tantos hombres que lucharon sin verlo cumplido: el júbilo de sentir en esta generación toda la emoción y todos los sueños de varias generaciones.
Y al verla ondear, y al verla tan limpia, y al verla tan hermosa, y al verla tan honrada, la palabra patria, el símbolo de la patria y todo lo que se concreta alrededor de ese sentimiento que hace a los hombres morir cuando llegue la hora de morir para defenderla (APLAUSOS); al verla hoy, al ver el sitial tan alto en que hemos situado nuestra bandera, me sentí tan feliz que vi en ese minuto premiados todos los sacrificios que hemos hecho y todos los sacrificios que tengamos que hacer en lo adelante.”
(OVACION).
Y así fue aquel primer diálogo de 26, entre el líder yel pueblo. Después, en 1960, la convocatoria reunió a cubanos de Ciudad de La Habana y de todas las ciudades del país, en otro encuentro emotivo también, inolvidable, que se fueron caracterizando por ofrecerle a la población una información sobe el estado del desarrollo de la provincia ganadora del acto conmemorativo.
En ocasiones, como en los dos actos de Las Tunas (1981 y 1997) fueron tribunas para denuncias: el 26 de Julio de 1981 se dio a conocer el empleo por el gobierno de los Estados Unidos, de armas bacteriológicas contra Cuba, y en 1997, la continuidad del más largo bloqueo económico, comercial y financiero de la Historia Universal.
Ya comentaremos el discurso de Raúl en el 55 aniversario, este 26 de Julio en Santiago e Cuba.

Joel Lachataignerais Popa
jlpopa@enet.cu
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