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LAKASTAGNER

MALA COSTUMBRE

Por : Joel Lachataignerais Popa
joecklouis@gmail.com


La última semana de noviembre de 1958, me quedó grabada como un reflejo de película, que aún relampaguea en mi memoria. Mis hermanos y yo, a pesar del reclamo de nuestra madre de que entrásemos al hogar, nos entreteníamos en mirar, primero una avioneta Caza y luego dos aviones B – 26 que sobrevolaban en lo alto y eran perfectamente visibles desde el patio la calle de la casa.
Entonces vivíamos en la calle Pizarro número 12, - hoy Hermanos Lotty con el mismo número -, en la oriental ciudad cubana de Bayamo, Capital de la provincia de Granma; donde en aquellos momentos radicaban las fuerza principales del ejercito del dictador Fulgencio Batista y Zaldívar.
Mirábamos insistentemente. La avioneta dio dos pases primero y disparaba sin descanso.
Despues vinieron aquellos aviones grandes, negros, con dos hélices que veíamos pequeñitas por la altura y podíamos apreciar la luminosidad de los disparos.
El fuego era hacia el sur este de la ciudad, apuntando según nos parecía hacia la Sierra Maestra. Los niños tienen una apreciación de juguete siempre y las cosas las ven como imaginaciones.
Alguien informó que ‘la cosa’ era en Guisa, poblado situado a poco más o menos cuatro leguas de distancia de Bayamo.
Realmente no tengo en mi memoria cuántas veces vimos el mismo espectáculo ni durante cuántos días. Fue la Historia la que nos lo confirmó, pues se trataba del ataque que dirigía el mismo Fidel Castro Ruz con su tropa, para atrapar el poblado de Guisa y cortarle más de lo que ya tenía, el campo de operaciones a Batista.
Había una cosa significativa en aquello. Se lanzaban unas cosas que nosotros veíamos como bolsas que se encendían en el aire y llegaban por algún lugar a tierra – según nos parecía – con poco fuego.
También veíamos otras figuras oscuras que no podíamos distinguir bien. Al menos eso recuerdo yo.
Despues del triunfo revolucionario del Primero de enero de 1959, algunas personas que participaron en el combate declararon a la prensa escrita, lo dijeron por radio y televisión y, por supuesto, nos enteramos bien de lo que había pasado.
Fidel había dado la orden del tomar a Guisa e impedir que las fuerzas de Fulgencio Batista pudieran avanzar mucho mas.
En un libro publicado en los primeros meses, se contaba todo. Hubo ametrallamientos y bombardeos, lanzaron bombas de napalm... me dijeron entonces que aquellas bolsas de candela que estábamos mirando aquel día desde mi casa, era napalm o fósforo vivo.
No comprendí bien.
Aquello había ocurrió realmente fines de noviembre de 1958. Tres años más tarde me convertí en uno de aquellos jóvenes cubanos que fueron a alfabetizar.
Para sorpresa mía mi ubicación fue la casa de los esposos Francisco González y Herenia Herrera, localizados en un sitio denominado Hoyo de Pipa, a escasos kilómetros del poblado de Guisa.
Resultó que mis dos alumnos fueron de las personas que le dieron ayuda al Comandante Fidel Castro durante aquella batalla.
Al otro día de mi llegada, despues de presentarme sus hijos, Herenia pidió que la acompañara junto a un combatiente del ejército Rebelde, pues quería enseñarme algunas cosas que había en aquel sitio.
Reol, el joven integrante del Ejército Rebelde que iba con nosotros, se introdujo dentro de un hueco en las cercanías del patio del bohío de los campesinos que iba a alfabetizar. El hoyo tenia poco más de dos metros de profundidad. Cuando bajé yo, me resultaba difícil poder ver la superficie.
Me explicaron que eran dos huecos de bombas lanzadas allí por un avión B – 26 en aquellos días de combate. Y en el entablado de la casa se podían ver las huellas del ametrallamiento.
Les conté mi recuerdo. Y me preguntaba de qué manera era aquello si los que estaban tirándole balas estaban a mas de dos kilómetros de allí. Aún era muy joven para comprender, aunque ya empezaba a ver ciertas cosas por la prensa.
Con el paso del tiempo, los años me fueron dando una información más clara.
Vinieron las dictaduras de América Latina y El Caribe, Trujillo, Somoza, Pinochet, empecé a conocer el caso de Israel, los Saharahuis luchando por la independice, la Agencia Central de Inteligencia y la USAIC, y la famosa escuela de militares que enseñaba cómo defender las naciones y los gobiernos, de modo muy especial en los Estados Unidos.
Me tocó trabajar en el Servicio Militar en el control noticioso de lo que iba sucediendo día a día en Vietnam y posteriormente, como redactor de prensa, en uno y otro lugar donde he trabajado, llevar casos muy curiosos, como las invasiones a Panamá y a Granada.
Y, un final, que no es realmente lo último que pueda decirse, sino una especie de final a este relato, es que la mejor lección de aquello me la dio W. Bush cuando precisó su concepto de que ciertas cosas que ocurren desde los aviones de guerra se denominan (fríamente) “DAÑOS COLATERALES”, porque las personas, los objetos, están en el lugar equivocado en el momento equivocado y que son errores...
Es lo mismo que hacía Batista y lo que hicieron Somoza y los demás tiranos...
Malas costumbres.
Los tiranos, tienen, malas costumbres.

Noviembre 29 de 2008.


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