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HISTORIA

CONGRESO JUVENIL MARTIANO DE 1953 (III) [1]

CONGRESO JUVENIL  MARTIANO DE 1953 (III) [1]

 

  • Firmes acuerdos de la juventud cubana respaldan congreso internacional
  • Vigencia martiana.

 

Aunque la dictadura de Fulgencio Batista se esmeró en maquillar sus actos, reprimió, acusó, apresó y hasta asesinó, no fue posible evitar que la Marcha de la flor y la bandera, la Marcha de las antorchas ni el Congreso Juvenil Martiano por le derechos de la Juventud.

El gobierno dio la astrorización del Congreso el día 24 de enero por la tarde, sin embargo el permiso realmente se produjo el día antes de iniciarse. La inauguración y desarrollo transcurrieron en el Palacio de los Yesistas y en la Asociación de Dibujantes, en la calle Xifrés entre Estrella y Maloja en La Habana Vieja.

Asistieron a la reunión 301 delegados efectivos, 76 fraternos y quedaron privados de asistir 200 delegados, por motivos económicos y otros por proteger sus áreas de trabajo. La presencia estuvo caracterizada por la diversidad sectorial, de credos. Sexo, color de la piel, escogidos en los congresos municipales realizados en 1952.Estaban 8 grupos artísticos y teatrales, sesenta y seis centros de trabajo,  dos campesinos y otros elegidos directamente en los congresos municipales.

Se distinguieron por su presencia, Léster Rodríguez, presidente del evento; Abel y Haydee Santamaría; Raúl Castro Ruiz, Antonio - Ñico  - López, Flabio Bravo y Lionel Soto. 

En fin los jóvenes desarrollaron las marchas previstas, el  desfile  de las antorchas, al que finalmente se vincularon los que ejecutaron la travesía de la flor y la bandera.

En el Congreso se presento un informe exhaustivo de las principales afectaciones denunciadas por los jóvenes en relación con sus derechos, recogidos desde los congresos municipales y provinciales, que fueron dadas a conocer por el presidente el evento, Léster Rodríguez.

Ente ellas están  mejoramiento a las condiciones de vida, acceso a la cultura, al ejercicio de de los deportes, a la superación, educación, ayuda técnica,  el cese del peligro de guerra; cese de la discriminación racial, trabajo y subsidio para jóvenes desocupados, y el restablecimiento del orden usurpado por Fulgencio Batista.  

Fue electo un Consejo Permanente de 103 miembros, presidido por Léster Rodríguez, con Raúl Castro Ruz, como secretario de propaganda; entre los vicepresidentes figuraron Flabio Bravo, Álvaro Barba,  y Joaquín Peláez; en la atención de los asuntos campesinos, Enrique Benavides; y los asuntos femeninos, Conchita Portela.

La repercusión fue amplia. Posteriormente se realizarían el Congreso Internacional de la Juventud en defensa de los derechos de la Juventud, y una delegación de cubanos, presidida por Raúl Castro Ruz, participó en el mismo. En el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes de Viena. En cada foro, los juveniles descendientes de Carlos Manuel de Céspedes, hicieron saber las demandas de los juveniles de Cuba.

Al regreso del Congreso Internacional por los derechos de la Juventud, fueron detenidos, golpeados, torturados y vejados,   el jovencito Raúl Castro Ruz, junto a otros latinoamericanos que viajaban vía Cuba. Sería el precio a pagar por someterse a defender el derecho propio.                                                                           

 



[1] Todos los informes que se ofrecen en este material fueron extraídos del texto titulado Congreso Martiano, de Odalys Sánchez Cuervo, editado en La Habana, por Publicaciones La Nación Cubana, de la Asamblea  Nacional del Poder Popular de Cuba, La Habana, mayo  de 1986.

EL DIA DEL NOBEL DE LA PAZ

EL DIA DEL NOBEL DE LA PAZ

 

Por: Joel Lachataignerais Popa

          jlpopa@enet.cu  joeckloui@gamil.com

 

La algarabía era tremenda. Allí estábamos todos: compactados  los brigadistas “Conrado Benítez “, los obreros “Patria o Muerte”, los que fungieron como jefes de Equipos, los Maestros Guías, los que repararon faroles y botas, distribuyeron libretas, lápices, cartillas; los que fueron inspectores, Jefes Municipales, Regionales y Provinciales; los amigos de otras partes del mundo que se nos unieron en los ‘llanos y montañas’ o vinieron a festejar con nosotros el final;  muchos de los que hasta ese día figuraron como analfabetos, iletrados o semianalfabetos; los principales líderes de la Revolución colmaban la tribuna de la Plaza y como siempre, el pueblo masivamente reunido.

El Himno Nacional arropó a todos. La llovizna, el frío, la brisa, el silencio…

Habló una joven alfabetizadora sus emociones cubrieron el espacio aéreo en miles de lágrimas hirvientes de esperanzas; el joven Ministro de Educación, doctor Armando Hart Dávalos, leyó el documento de alta significación histórica que daba por terminada la tarea: Cuba se proclamaba al mundo como Primer Territorio Libre de Analfabetismo en América.

Como en el Granma, la Sierra, Girón y muchas otras gestas lideradas por Fidel, la palabra empeñada estaba cumplida. La lluvia, fina, fría, primero tornaba fuerte chubasco y entonces se anunció su discurso, y recuerdo más o menos las palabras iniciales:

“A ustedes, y a nosotros, que nos hemos mojado muchas veces cumpliendo el deber, no nos molestan unas goticas de agua”, alegres como estábamos respondimos todos con fuertes aplausos”.

Fidel comenzó a la sazón su discurso:

“Compañeras y compañeros:

Vamos a proceder a izar la bandera con la que el pueblo de Cuba proclama ante el mundo que Cuba es ya Territorio Libre de Analfabetismo” (Aplausos) [1]

Entonces el toque ’del corneta’ irrumpió con el sonido del silencio. La tela de rojo, con el círculo blanco en el centro, dejaba ver en azul, con amplitud de varios metros de largo y ancho el soberbio enunciado: Cuba Territorio Libre de analfabetismo.

A mi memoria llegaron momentos sublimes y emotivos: las pequeñas banderas de metro y medio que todos llevábamos dentro de la mochila  para  usarla en el momento crucial del último día: Herenia Herrera, la alegre campesina que sintió la alegría de escribirle a Fidel para recodar su presencia en aquella casa humilde durante la batalla de Guisa; su esposo Francisco González González, (Pancho), con los ojos rojos conteniéndole las lágrimas; sus hijos, Francisco y Manuela González Herrera y la esposa del hijo Virgen Rodríguez.

Todos frente al bohío de tablas y yaguas con techo de palmas, desde donde podían verse aún los huecos de dos metros de profundidad dejados por sendas bombas lanzadas por un B- 26 en los días del combate de Guisa: allí mismo el día 13 de diciembre hicimos el pequeño acto: Cantamos el Himno Nacional, habló, el teniente Israel Rodríguez, joven  Jefe de la Granja Militar de aquel lugar denominado Hoyo de Pipa – donde ahora hay una gigantesca presa -  quien destacó la importancia del momento, luego izamos la bandera y yo leí mi despedida, ‘no los olvidaré nunca jamás y estaré en ustedes como ustedes en nosotros’.

Después vinieron los besos y los abrazos; el adiós. Entonces retorné a Bayamo para esperar el día del viaje rumbo a La Habana. En seis casas de mi Comité de Defensa de la Revolución se hospedaron igual número de compañeros de mi Equipo de alfabetización y juntos asistimos el día 16 al acto de proclamación de Bayamo como Territorio libre de analfabetismo. Fue así como celebré mi cumpleaños. Juntos salimos en el tren 24 horas más tarde.

Se hizo un silencio profundo. Reinaban los andares de la naturaleza y envuelta en ella, millones de emociones acaparaban el corazón de los presentes. Se escuchaba solamente la grabación del Himno de los Alfabetizadores:

“¡Cuba, Cuba:

Estudio trabajo y Fusil:

Alfabetizar, alfabetizar:

Venceremos!

Somos las brigadas Conrado Benítez

Somos la vanguardia de la Revolución

Con el libro en alto llevamos nuestras metas

Llevar a toda Cuba la alfabetización.

Por llanos y montañas el Brigadista va

Luchando por la patria,

Luchando por la Paz:

Abajo imperialismo

Arriba Libertad:

¡Cuba, Cuba:

Estudio trabajo y Fusil:

Alfabetizar, alfabetizar:

Venceremos!”[2]

 Un estruendoso aplauso sacó a cada cual del sueño momentáneo. Fidel comenzaba su discurso de aquella tarde, y todos escuchábamos, testigos de un  momento irrepetible que sembraba la sangre caliente entre las venas del pueblo:

 “Ningún momento más solemne y emocionante, ningún instante de júbilo mayor, ningún minuto de legítimo orgullo y de gloria, como este en que cuatro siglos y medio de ignorancia han sido derrumbados.

Hemos ganado una gran batalla, y hay que llamarlo así: batalla, porque la victoria contra el analfabetismo en nuestro país se ha logrado mediante una gran batalla, con todas las reglas de una gran batalla. Batalla que comenzaron los maestros, que prosiguieron los alfabetizadores populares, y que cobró extraordinario y decisivo impulso cuando nuestras masas juveniles, integradas en el ejército de alfabetización "Conrado Benítez", se incorporaron a esa lucha (Aplausos).

Y cuando todavía hacía falta un esfuerzo mayor, llegó un nuevo refuerzo, el último refuerzo, el refuerzo de la clase obrera directamente, a través de millares de brigadistas "Patria o Muerte" (Aplausos).Las masas hicieron suya esta lucha; todas las organizaciones de masa hicieron suya esta bandera, y solo así habría sido posible ganar la batalla.”[3]

Fidel ayudó con sus palabras a determinar la esencia y la razón de aquel día, como efeméride eterna para tributarle honores a los maestros voluntarios que fueron a alfabetizar primero en las montañas de la Sierra Maestra y todos los lomeríos de Cuba; a los que se ‘alzaron’ en Minas del Frío’ de la Sierra Maestra y ‘Topes de Collantes’ de El Escambray y se hicieron primero ‘Makarenko’ y después la larga legión de educadores que hoy contribuyen en el mundo con la tarea YO SI PUEDO,[4] a izar,  nuevas banderas.

Yo lo recuerdo como El Día Del Nobel La Paz

 

 



[1] Tomado del Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en la concentración celebrada en la Plaza de la Revolución "José Martí", para proclamar a Cuba Territorio Libre de Analfabetismo, el 22 de diciembre de 1961.

[2] Obra del connotado compositor cubano Eduardo Saborit, autor también de otras piezas antológicas del repertorio tradicional cubano y de números dedicados al triunfo de la alfabetización, como Despertar.

 

[3] Tomado del Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en la concentración celebrada en la Plaza de la Revolución "José Martí", para proclamar a Cuba Territorio Libre de Analfabetismo, el 22 de diciembre de 1961

[4] Cuba solidaria, ha contribuido a erradicar el analfabetismo en Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Honduras, naciones del Caribe y muchos otros países, como en Sevilla – España -, con el método creado por una pedagoga cubana y cual nuevos brigadistas ‘Conrado Benítez’, cientos de cubanas y cubanos, trabajan en esas naciones.

LAS BANDERAS ALZADAS POR LA CONCORDIA

LAS BANDERAS ALZADAS POR LA CONCORDIA
  •  Como en toda Cuba, aquel diciembre de 1961, en Bayamo y en Las Tunas, emergieron para siempre, las banderas alzadas por la concordia

Por: Joel Lachataignerais Popa

         jlpopa@enet.cu joecklouis@gmail.com

 

Diciembre de 1961 fue un mes de emociones en todo el país. De un lado al otro se sucedieron los actos para izar las banderas de la alfabetización  en cada barrio, ciudad, municipio, pueblitos, caseríos…montañas, lomas, valles, llanuras.

Con las mochilas listas estábamos en mi casa de Bayamo aquel 16 de diciembre. Era mi cumpleaños, pero lo más importante era la convocatoria para esa noche, a las nueve, en la Plaza de Rabí, situada en el mismo espacio donde en 1868 se cantó por primera vez el Himno Nacional.

Blas, el muchacho de Guayos, en Santa Clara; Douglas, aquel flaco de Guanabacoa en La Habana; Carlos, el más joven de todos con sus 13 años, había venido de Cifuentes, en el centro del país y Marta, la habanera hija de un ministro del Gobierno Revolucionario, también integrante de mi equipo, acompañaron a mi familia en aquel acto.

Había mucha satisfacción y orgullo en mi padre, Luis Felipe, maestro que entonces llevaba más de veinte años dedicado a las aulas y un sinfín de destellos en los ojos de mi mamá, Zenaida, quien no cesaba en aconsejar el cuidado en la distancia capitalina a los dos brigadistas de la familia, mi hermano Edel y yo. Isel y Dubel, las hermanas más pequeñas, que no fueron a alfabetizar, nos miraban con cariño y admiración.

Este es el retrato popular del momento. Los padres con sus hijas e Hijos, los abuelos y bisabuelos, los tíos y las tías….

A las cinco de la tarde en otra plaza, pero de la ciudad de Las Tunas, ocurría algo similar. La muchedumbre aglomerada ante la tribuna. En el pueblo los protagonistas, nombres y apellidos hechos raíces en la ciudad de El Cucalambé, rodeaban, junto al pueblo, el sitio donde el orador celebraría el suceso.

Tras el ejemplo de la ejemplar pedagoga que se eternizó en las aulas, Rita Orozco, estaban allí, entre otros los singulares nombres de Patria Ibarra y Genoveva García, inolvidables maestras de generaciones, Pedro Verdecie, martiano por excelencia; los profesores, Rafael Gamboa y Antonio Barciela, agudos y recordados promotores de aquella Campaña en Las Tunas; y otros que como ellos,  prodigaron ejemplo a los que se fueron cartilla, manual y farol en las manos: Imprescindibles de siempre, héroes del honor y la virtud.

En los dos actos habló un hombre generoso salido de las filas humildes, fallecido a mediados de este 2009: el Comandante Armando Acosta Cordero, para entonces Primer Secretario del Comité Provincial del Partido Unido de la Revolución[1] Socialista en Oriente.. No  dudo que los dos discursos contendrían  ideas  similares, diferenciadas solamente por el lugar y las cifras.

Fue un reconocimiento, en primer lugar al pueblo, que cerró filas ante el llamado de la Revolución, para entregar la sangre de Conrado Benítez, quien ya antes de iniciarse la gran batalla, se encontraba enseñando a leer y a escribir y fue víctima de los bandidos mercenarios que quisieron atemorizar, para evitar el combate por la cultura.

Fue un elogio los a maestros,  que dijeron presente para ser los guías e instructores de quienes - casi niños – subieron lomas, trajinaron llanuras, se hicieron mujeres y hombres de estos tiempos.

Como en toda Cuba, aquel diciembre de 1961, en Bayamo y en Las Tunas, emergieron para siempre, las banderas alzadas por la concordia.



[1] El Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) constituido entre 1961 y 1962, fue la formación Política posterior a las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), de cuyas filas surge el actual Partido Comunista de Cuba, (PCC), constituido el 3 de octubre de 1965; el PURSC nace a raíz de la invasión mercenaria de Playa Girón, denominada también Bahía de Cochinos.

HISTORIAS DE UN JOVEN MAESTRO AMBULANTE (I)

HISTORIAS DE UN JOVEN MAESTRO AMBULANTE (I)
      • El 22 de diciembre de 1961, Cuba se proclamó como primer territorio libre de analfabetismo en América Latina.
      • ‘… se necesita abrir una campaña de ternura y de ciencia, y crear para ella un cuerpo, que no existe, de maestros misioneros.” [1]
      • Fidel, Fidel: dinos qué otra cosa tenemos que hacer.

       

      Por: Joel Lachataignerais Popa

               jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com

       

      Recuerdo que era el 21 de octubre de 1960. Hacía poco que Fidel Castro, en Naciones Unidas, anunciara que a lo largo de un año Cuba se convertiría en el primer país libre de analfabetismo en América Latina.

      Asistíamos al momento con el entusiasmo de la época y sin intenciones promocionales, sino el interés de contribuir, más la conciencia de que como José Martí advierte: al venir a la tierra todo hombre tiene el derecho de aprender y después en pago contribuir a la educación de los demás… Aquí comienza la historia de un joven maestro ambulante, de esos que Martí anhelaba.

      Estudiaba entonces en el último año de la escuela Secundaria Básica – que estrenaba este nombre después de la nacionalización de la enseñanza, y dejaba de ser la anterior Escuela Primaria Superior- y me correspondía el noveno grado. Allí era miembro de la dirección de la Directiva estudiantil y también de la dirección de la Asociación de Jóvenes rebeldes (AJR)[2], organización a la cual se le entregó esta misión que emprendida por más ce cien mil muchachas y muchachos de toda Cuba.

      Aquel 21 de octubre, en el patio de la escuela, se organizó una asamblea, en la cual habló, a nombre del Ministerio de Educación, la doctora Rosa Esther Peña, quien evocó aquellas palabras de Fidel Castro en las Naciones Unidas, y vinculándolas con principios pedagógicos de José Martí, más los análisis del documento conocido como ‘La Historia me absolverá’ [3] y expuso que a partir de ese momento en Bayamo, se iniciaba el proceso de inscripción de muchachas y muchachos para ir a alfabetizar cubanos en las montañas  y llanos de toda Cuba.

      Los requisitos eran fáciles de cumplir: Ser joven, estudiante, o por lo menos, saber leer y escribir; contar con la autorización expresa de los padres o tutores y el aval de la escuela y de la AJR.

      Nos distribuimos la tarea. Cada cual debía reclutar un brigadista alfabetizador. Llenábamos un formulario, en el que se explicaban todos los pasos de aquel proceso, que llevaría a todos a un seminario que se realizaría en el famoso balneario de Varadero, en la provincia de Matanzas.

      La Comisión Organizadora nos pidió localizar sólo cien alfabetizadores, y nuestra propuesta que tenía en cuenta la existencia de una matrícula de algo más de 500 alumnos entre las tres sesiones de estudio – mañana, tarde y noche – exigía 300 incorporaciones, que fueron entregadas a  Dirección de la Escuela al cierre de enero de 1961.

      El primer grupo de los escogidos partió de la Terminal de Ferrocarriles de Bayamo, en la mañana del 15 de abril de 1961. La explanada estaba colmada de público. Muchachas y muchachos por donde quiera; padres, tíos, abuelos, hermanos mayores enrolados con maestros, dirigentes de la Campaña de Alfabetización, de la AJR y de la nacientes Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI)[4]. Se mezclaban risas, expresiones de alegría, vítores, y lágrimas de nostalgia, admiración, entusiasmo y alegrías…   

      Muchos viajaban por primera vez solos y alejados del hogar, al cuidado de algún maestro o pariente cercano incorporado también a la noble iniciativa popular. Media mañana y todos aquellos partieron en un tren de casi media docena de coches.

      Quedé en Bayamo. La experiencia de los primeros momentos me las hizo llegar mi hermano, los periódicos, la emoción de algunos brigadistas de mi escuela que por cartas lo contaron y yo las recuerdo en esta serie de  crónicas.



      [1] José Martí Pérez, O. C. tomo 8;  paginas 288 – 292; el artículo apareció originalmente en La América, Nueva York, mayo de 1884.

      [2] Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), organización juvenil cubana creada hacia 1960 por iniciativa del Comandante Ernesto (Che),  Guevara de la Serna, inspirada y guiada por Fidel Castro y devenida desde el 4 de abril de 1962 en la actual Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

      [3] Discurso pronunciado por Fidel Castro el 16 de octubre de 1953, durante el acto de autodefensa en el juicio seguido contra él y sus seguidores después del asalto al cuartel Moncada, concluido en un asesinato masivo de buena parte de los jóvenes asaltantes y devenido después de 1959 en programa de la revolución cubana.

      [4] Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI); grupo político constituido por la revolución cubana bajo la decisión de que todas las organizaciones con un sentimiento patriótico común, se vinculasen al Movimiento Revolucionario ’26 de Julio’, brazo armado al que pertenecía el ejército rebelde liderado por Fidel Castro. La ORI, integró el fundamento organizacional que posteriormente se denominó partido Unido de la revolución Socialista, (PURSC) y más tarde Partido Comunista de Cuba (PCC).

HISTORIAS DE UN JOVEN MAESTRO AMBULANTE (II)

HISTORIAS DE UN JOVEN MAESTRO AMBULANTE (II)

 

  • El 22 de diciembre de 1961, Cuba se proclamó como primer territorio libre de analfabetismo en América Latina.
  • ‘… se necesita abrir una campaña de ternura y de ciencia, y crear para ella un cuerpo, que no existe, de maestros misioneros.” [1]
  • Fidel, Fidel: dinos qué otra cosa tenemos que hacer.

 

Por: Joel Lachataignerais Popa

         jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com

 

 

El 16 de abril de 1961 la prensa cubana publicaba por todos los medios – Radio, Televisión, Periódicos las noticias mezcladas de los Brigadas Corado Benítez y los cobardes bombardeos de la aviación mercenaria a los aeropuertos de Santiago de Cuba  y La Habana: los muertos eran enterrados ese día en la tarde y frente al cementerio de Colón, Fidel Castro denunciaba al mundo la agresión que traía el sello de los Estados Unidos.

Las emotivas palabras de Fidel aquel día, no se me olvidan, como tampoco fallarán al recuerdo del pueblo cubano que las ha podido trasladar de una a otra generación como juramento o compromiso  en estos cincuenta años: “Esta es la revolución socialista, de los humildes, por los humildes y para los humildes y por esta revolución socialista: de los humildes, por los humildes y para los humildes estamos dispuestos a derramar nuestra sangre...”[2]

El Ejército Rebelde, las Milicias, el pueblo todo se movilizó: Unos a la línea de combate en las arenas de Playa Girón y Playa Larga, para enfrentar al enemigo invasor; otros a sus puestos de combate en millares de puntos del país, incluyendo fábricas, talleres, granjas y escuelas… otros a custodiar los ómnibus, trenes y otros vehículos donde viajaban los alfabetizadores y hasta los alberges de Varadero, donde ya una parte de los primeros contingentes estaban hospedados y preparándose para cumplir su misión.

Ya entonces muchos jóvenes integrantes de las Brigadas de Alfabetización, estaban en sus zonas alfabetizando y precisaron defender la Patria y tomaron las armas: se conoce de muchachos casi niños, manejando las antiaéreas que llamamos ‘cuatro bocas’ y disparando sobre la aviación camuflada con banderas cubanas.

Todo el mundo sabe que en menos de 72 horas fueron derrotados; luego juzgados y canjeados por medicinas y alimentos para niños. Todo el mundo sabe que esta fue la primera gran derrota militar de Estados Unidos en América Latina.

Y mientras nos preparábamos en Bayamo. Un día de aquellos una joven, Manuela Milán, me hizo llegar un texto escrito por ella, para proponerlo como Himno de los jóvenes alfabetizadores de Bayamo:

Nosotros los brigadistas

Que venimos a enseñar

A enseñar al campesino

Que no ha podido estudiar.

Les traemos las cartillas,

La libreta y el manual

Y a todos los campesinos

Los vamos a alfabetizar

 

Aquella letra era extensa y la música concebida por la misma Manuela Milán, contagiaba. La estrofa final revelaba un anhelo de todos y establecía el compromiso:

 

Les dejamos la cartilla

La libreta y el manual

Y a todos los brigadistas

Fidel felicitará…

 

 Así llegó el día en que por primera vez viajé al Occidente de Cuba. Como los demás conocí Varadero. Tuve mis anécdotas, vivencias que se afincaron en la piel y la conciencia y ya a mediados de mayo estaba alfabetizando.

Fue en un lugar conocido por Hoyo de Pipa, muy próximo al poblado de Guisa, situado en las estribaciones de la Sierra Maestra a cuatro leguas de distancia de la ciudad de Bayamo. Era un lugar que había pertenecido a un magnate local, quien abandonó el territorio nacional.

Allí encontré a Herenia Herrera Martínez, una delicada y preocupada campesina, con su esposo, Francisco Arjona González (Pancho), diligente hombre de trabajo de campo, esencialmente ganadero, sus hijos Luis Felipe, (Pipe) y Manuela (Nené) y también Irene, la esposa de Pipe. Ellos eran mi objetivo, aunque Irene, ya sabía leer y escribir.

Allí, en aquella casa de campesinos humildes, de techo de guano y paredes de tablas de palma, se había prestado atención a la tropa de Fidel Castro en los días memorables de finales de noviembre de 1958 que condujeron al asalto y toma de la plaza militar de Guisa. Estos mis alumnos vivieron aquel momento junto a Fidel, Celia y los demás integrantes de la Columna 1 ‘José Martí’ y fueron agradecidos.  

¡Cuántos gratos recuerdos! Pero el mas grato fue cuando dos días antes de mi cumpleaños, el 14 de diciembre, pude izar la bandera de territorio libre de analfabetismo en aquel lugar, donde había sido el Jefe de Equipo de 50 brigadistas distribuidos en seis barrios. Lindo día cuando Herenia y Pancho leían sus cartas a Fidel agradeciéndoles el gesto de llevarme hacia su casa.

Y el 16 de diciembre celebraba el cumpleaños en la entonces Plaza de Rabí de Bayamo, hoy Plaza del Himno Nacional: A las 8 de la noche se proclamaba a Bayamo: Territorio Libre de analfabetismo.

Fue masivo el acto. Allí el Comandante Armando Acosta Cordero, a la sazón Primer Secretario del Partido Unido de la Revolución Socialistas (PURSC) en Oriente, trasladaba el mensaje de Fidel a las muchachas y los muchachos que vinieron de toda Cuba a enseñar campesinos en las lomas y llanos bayameses.

Al día siguiente, rumbo a La Habana.

 

 

 

 



[1] José Martí Pérez, O. C. tomo 8;  paginas 288 – 292; el artículo apareció originalmente en La América, Nueva York, mayo de 1884.

[2] Fidel Castro Ruz, discurso pronunciado en la despedida el duelo a los caídos en los bombardeos a los aeropuertos cubanos, el 16 de abril de 1961 en el cementerio  de Colón, La Habana.

HISTORIAS DE UN JOVEN MAESTRO AMBULANTE (III)

HISTORIAS DE UN JOVEN MAESTRO AMBULANTE (III)

  • El 22 de diciembre de 1961, Cuba se proclamó como primer territorio libre de analfabetismo en América Latina.
  • ‘… se necesita abrir una campaña de ternura y de ciencia, y crear para ella un cuerpo, que no existe, de maestros misioneros.” [1]
  • Fidel, Fidel: dinos qué otra cosa tenemos que hacer.

 Por: Joel Lachataignerais Popa

         jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com

 

 

El traslado a la capital del país era un anhelo de todos. En su gran mayoría veríamos por primera vez los altos edificios que hasta entonces conocíamos por fotografías vistas en los periódicos y los escasos momentos en que desde una ventana  podíamos asomarnos a los televisores de quienes poseían este aparato.

El coche ferroviario era un vagón de aquellos que se utilizaban para el traslado de cargas. Estaba techado con pencas de palmas, simulaba los bohíos campesinos tradicionales. En unos iban los varones y en otros las hembras. Cada grupo tenía un jefe encargado de las necesidades primarias. Al frente de mi tren, iba un reconocido actor de la radio, la televisión y el naciente cine cubano, Baldomero Peláez, quien vino a mi cubículo con un dirigente de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), y propuso a los demás que me encargara de representarlos, así fue hasta llegar a La Habana. 

Nunca olvido aquellas primeras imágenes posteriores a la provincia de Matanzas; los llanos extensos de tierra roja matizaban el verdor de las cañas, palmas, naranjales y otras plantaciones. Luego, desde una elevación que primero hace un giro de curva casi cerrada por donde se aprecian nombres como Perico, La Víbora y otros, se comienzan a ver los altos edificios, entre ellos la estructura enorme a cuyos pies reposa el monumento a José Martí, en lo que aún se denominaba ‘Plaza Cívica’ – hoy Plaza de la Revolución ‘José Martí’ – después, la torre de la cúspide del edificio de comunicaciones, la cúpula del antiguo Palacio Presidencial, y en todo su orgullo identitario de la gran ciudad, el Capitolio…así llegamos.

Íbamos, reunidos por el asar, los primos: Rubén, Aurelio y Pepito, mi hermano Edel y yo. En cada parada del tren compartíamos las meriendas, almuerzo y comida.

José Popa, (Pepito), el primo más querido, residía en La Habana desde 1954 y se encargó de servirnos de guía a los demás. Fue un excelente anfitrión. Nos llevó a todos los lugares importantes en aquellos días que mediaron entre el 18 y el 22 de diciembre de 1961; y estuvo  junto a todos en aquel gigantesco desfile de blusas y camisas grises con pantalones vcerdeolivos, de manos alzadas con lápices, libretas, faroles, inopinas y alegrías… Así se lo recordé la última vez que lo vi, antes de su fallecimiento en noviembre de 2009. Y el primo sonrió una mirada de nostalgia y agradecimiento.

Cada vez que rememoro el instante, llega a mi mente la voz de un locutor de Radio Progreso, La Onda de la Alegría - emisora que cumplía entonces 32 años de existencia -, aquella voz animaba a caminar: ‘Levanten los faroles, los lápices, las cuartillas…adelante vencedores, adelante futuro de la humanidad’, así decía aquel amigo que ya conocía de tanto escucharlo en mi casa.

Y nosotros, aquel mar de muchachas y muchachos, llegando a la Plaza, adonde nos reunimos en un gran coro, cantábamos una tonada que era una consigna, un lema, un apotegma, una decisión: “Fidel, Fidel, dinos qué otra cosa tenemos que hacer”.

Y allá en lo alto, Celia Sánchez, Melva Hernández, Vilma Espín; y junto a ellas: Juan Almeida, Guillermo García, Ramiro Valdés, Armando Hart Dávalos, el joven Ministro de educación, quien había dirigido la colosal campaña que nosotros habíamos promulgado cual nuevo ejercito rebelde.  , allí estaban Raúl Castro y  el Che, junto a Fidel, irradiándonos con su imagen.

Y Fidel, siempre complaciente, nos habló, después de que se elevara al cielo la gigantesca bandera que declaraba al mundo que Cuba era ya Territorio Libre de Analfabetismo. Habló y respondió a nuestra pregunta sobre qué debíamos hacer entonces.

Definió por primera vez en cuba un enorme plan de becas, que beneficiaba en primer término a los alumnos que hubiesen terminado el sexo grado en aquellos sitios donde no había Secundaria Básica, o Preuniversitarios para hacerse bachilleres o técnicos, que irían a estudiar como becarios para formar la gran legión de médicos, ingenieros, técnicos y maestros que necesitaba el país. Fue el inicio de todo el recorrido por la educación, hacia la cultura hoy alcanzada.

Nosotros decíamos: “Fidel dinos qué otra cosa tenemos que hacer”, él, elocuente, fiable, nos dijo:  La Revolución, después de haberles pedido el esfuerzo que han hecho en la alfabetización, después de haberles pedido que llevaran por valles y montañas la enseñanza, ahora les pide que se hagan técnicos, que se hagan ingenieros, que se hagan economistas, que se hagan maestros, que se hagan instructores de arte, que se hagan artistas, que se hagan profesores (Aplausos).[2]

Ahora tienen que trabajar con ustedes, ahora tienen que trabajar con ustedes, ahora tenemos necesidad de seguir adelante; pero de seguir adelante intensivamente, de seguir adelante con toda urgencia. Ahora tenemos que trazarnos otras metas, ahora tenemos que trazarnos otras proezas.[3]

Por ahí comenzamos y aquí estamos.

 



[1] José Martí Pérez, O. C. tomo 8;  paginas 288 – 292; el artículo apareció originalmente en La América, Nueva York, mayo de 1884.

[2] Fidel Castro Ruz, discurso pronunciado el 22 de diciembre de 1961 en la Plaza José Martí, para proclamar a Cuba como Primer Territorio libre de analfabetismo en América Latina, ante más de cien mil jóvenes que acababan ese día de lograr la proeza.

[3] Idem.

HISTORIAS DE UN JOVEN MAESTRO AMBULANTE (IV, final)

HISTORIAS DE UN JOVEN MAESTRO AMBULANTE (IV, final)
  • El 22 de diciembre de 1961, Cuba se proclamó como primer territorio libre de analfabetismo en América Latina.
  • ‘… se necesita abrir una campaña de ternura y de ciencia, y crear para ella un cuerpo, que no existe, de maestros misioneros.” [1]
  • Fidel, Fidel: dinos qué otra cosa tenemos que hacer.

 Por: Joel Lachataignerais Popa

         jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com

 

 

Ciento 25 años cumplió en mayo de  este 2009 próximo a finalizar el texto de José Martí titulado “Maestros ambulantes”, publicado en mayo de 1884 en La América, de Nueva York.

Es uno de los  documentos en que el Apóstol de Cuba apuesta por una pedagogía diferente y una educción mediante la cual el hombre alcance toda la cultura que le corresponde y le es posible acceder, mirándolo en su naturaleza y no como desde su época comenzaron a mirarlo, en una especie de amplificación de la esclavitud, apreciada  en el permanente comercio que significa el capitalismo que criticaba en la semilla misma.

Entre otros escritos de Martí, este, figura en la esencia inspiradora de la Campaña de Alfabetización emprendía en Cuba durante todo 1961. El plan de 20 mil becarios anunciado por Fidel Castro aquel 22 de diciembre de hace 48 años, llevaba el respaldo del ideario martiano

Hay un fragmento de ese texto martiano en el que se dice: “Los hombres son todavía máquinas de comer, y relicarios de preocupaciones. Es necesario hacer de cada hombre una antorcha” [2]

Recuerdo claramente aquella memorable reunión para proclamar a Cuba libre de analfabetismo, allí se puso de manifiesto el interés por desarrollar esa campaña martiana que es hacer de cada hombre un ciudadano digno y culto. Aún guardo con alegría aquella frase, dijo Fidel entonces:

“Compañeros brigadistas: ustedes me han repetido muchas veces que les diga qué nuevas tareas tenemos para ustedes (Exclamaciones de: "¡Sí!"). Pues bien, tenemos tareas, muchas tareas para ustedes “[3](Aplausos y exclamaciones de: "¡Venceremos!").

“Con precisión, Fidel se refirió a la gran sorpresa que nos tenía guardada en silencio y expresó estas  palabras:

“Eso es lo que nosotros queremos decirles que tienen que hacer. Ya hemos liquidado el analfabetismo, pues bien: ¡Ahora tenemos que seguir! En primer lugar, la campaña de seguimiento que tienen que realizar maestros y los trabajadores de la enseñanza. Pero la tarea más importante de ustedes... ¡ah!, pues lo voy a decir: tenemos necesidad de que los 100 000 brigadistas se hagan técnicos, se gradúen en los institutos, se hagan profesores de idioma, se hagan ingenieros, se hagan médicos, se hagan economistas, se hagan arquitectos, se hagan pedagogos, se hagan técnicos especializados (Aplausos). Tenemos extraordinaria necesidad de eso”.[4]

La idea de forjar en cada hombre una antorcha, quedó revelada en las palabras finales con mayor acento aun:

“Esto significa una extraordinaria oportunidad para todos, sobre todo para desarrollar la vocación de ustedes, para estudiar los que no tengan recursos para estudiar; esto significa la oportunidad de que con los preuniversitarios que se han abierto, las secundarias que se han abierto, las escuelas técnicas que se han abierto, y las becas que se han concedido, cualquiera de ustedes, jóvenes compañeros, cualquiera de ustedes que han sido capaces de realizar tan gran proeza, cualquiera de ustedes que han sido capaces de llevar la luz a nuestros campos, cualquiera de ustedes que son jóvenes que tienen el mundo y el porvenir en sus manos, que tienen una vida fecunda y creadora, una vida extraordinaria por delante, tengan esta oportunidad como un premio por el trabajo que han realizado (Aplausos), como un premio por el amor a la patria, como un reconocimiento del pueblo por lo que han hecho, como fruto del trabajo que ya han realizado, como legítimo derecho que se han ganado, como juventud que ha sido capaz de escribir una de las páginas más hermosas en la historia de la educación y de la cultura (Aplausos)[5].

Maestros ambulantes fuimos, al igual que los maestros voluntarios aquellos que respondieron al llamado de acudir a enseñar en las montañas. Raíz de proclamar el 22 de diciembre como ‘Día del educador’

Después de aquel discurso la muchedumbre juvenil entusiasmada con las nuevas tareas, pensándose unos médicos y otros ingenieros, maestros, arquitectos, artistas, nos concentramos en el Estadium del Cerro – hoy Latinoamericano – desde donde fuimos trasladados hacia la Terminal del ferrocarril, de nuevo a nuestros trenes con techos de bohíos.

Horas mas tarde estábamos juntos los primos Rubén, y Aurelio y los hermanos  Edel y Joel – yo – acurrucados en una esquina. Ya no venía Pepito. El quedó en su casa de la gran ciudad. Venía en el recuerdo y las anécdotas. Tampoco venia Baldomero  Peláez, el actor jefe del vehículo. Ahora era otro.

A mi hermano Edel no le resulta grato del todo la carne de pollo o gallina. Durante el viaje, en cuatro apeaderos donde se hizo parada, nos dieron a cada cual un pollo entero, venía en un bolso de nylon debidamente preparado, listo para comer y se podía guardar. Edel y Aurelio compartían los suyos y yo era algo así como el almacenero. El último nos lo dieron en el poblado de Jobabo, perteneciente a la región denominada entonces Victoria de Las Tunas, - hoy sólo Las Tunas – y terminamos el viaje en tren en el apeadero holguinero de Cacocúm.

De allí pasamos a Bayamo en ómnibus. El recibimiento fue muy alegre. Llegamos todos juntos y después cada cual a su casa. Era el 25 de diciembre. El almacén de pollos que traía en mi mochila, sirvió para festejar el regreso.  La familia esperaba. También los vecinos.

Con estos y otros recuerdos armo unas ideas tituladas así: ‘Historias de un joven maestro ambulante’, para que esté presente la memoria histórica. El pasado no se puede olvidar, es la base del futuro. El hombre que debe cuidar el planeta debe mirar fijamente su historia y allí donde se fijó un jalón con participación de todos, debe fijarse la memoria. Porque como plantea José Martí: “Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí, y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria” [6]     



[1] José Martí, Obras Completas, tomo 8 paginas 288 a 292, Maestros ambulantes, publicado el La América, Nueva York, en mayo de 1884.

[2] Ídem

[3] Fidel Castro, 22 de Diciembre de 1961, ato de proclamación de Cuba como territorio Libre de analfabetismo.

[4] Ídem.

[5] Ídem.

[6] En Maestros  ambulantes. Obras Completas, tomo 8 paginas 288 a 292, Maestros ambulantes, publicado el La América, Nueva York, en mayo de 1884

DESTELLOS DE LA MUERTE DEL MAYOR GENERAL DEL EJERCITO LIBERTADOR ANTONIO MACEO

DESTELLOS DE LA MUERTE DEL MAYOR GENERAL DEL EJERCITO LIBERTADOR ANTONIO MACEO

·          El 7 de diciembre se cumplieron 113 años de la caída en combate del Héroe cubano.

·          Repercusiones de prensa y declaraciones de hombres ilustres de la época reconocieron al bravo milita cubano.

·          Hubo manifestaciones en España, Italia, Puerto Rico, Estados Unidos…

·          Máximo Gómez dijo: “es preciso seguir su ejemplo de bravura y heroico patriotismo en defensa de la Patria”. 

 

 

Por: Joel Lachataignerais Popa

        jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com

 

 

Los episodios de las grandes figuras de la humanidad concluyen casi siempre convirtiéndolos en semillas del porvenir, de alguna acción humanitaria, del campo de batalla, pero siempre siendo motivos germinales de ejemplificante fórmula de hombre diverso: íconos de dignidad plena, cuando se trata de aquellos en cuya página vívida pesa la honra y la virtud.

El Héroe Nacional de Cuba, José Julián Martí Pérez, - el Apóstol -  calificaba a estos hombres como naturales; eran para él, aquellos que se entregan por entero a la causa de la humanidad, los que defienden el bien y combaten el mal, no importa donde; son  los hombres luz, designándolos así a quienes tienen en toda su virtud, la dignidad… sin dudas, de esta manera,  son enmarcados hombres como el Lugarteniente  General Antonio Maceo y Grajales.

Vistos así, en toda su magnitud, estos hombres siempre conducen a resplandores de masas y al prestigio de las plumas.

La muerte de Antonio Maceo, aquél 7 de diciembre de 1896, fue motivo de celebraciones indignas entre los colonialistas españoles, grupos de indeseables de poca ética y otros – iguales, entre ellos cubanos- anexionistas, procolonialistas y gentes de pobre espíritu. Sin embargo oficiales de honor de la España Colonial, tributaron honras al recio militar mambí.

Muy poco se ha dicho de la repercusión causada en el mundo por la muerte del Titán de Bronce, como se le conoce históricamente. Existen fotografías en las cuales se puede apreciar  a las masas madrileñas reunidas para testimoniar luto por la noticia: Estudiantes, obreros, figuras públicas d la España de entonces, le dedicaron honores.

En Italia el diputado Imbriani, se expresó en el Parlamento con palabras de elogio al General cubano Antonio Maceo, con las cuales sentenció, entre otras cosas: “... la gloria es para aquellos que mueren luchando por su causa…”, también desde Roma, llegaron a Cuba noticias de manifestaciones  estudiantiles y se inauguró un busto de Maceo en un acto en que habló el gran sabio italiano Guiovannio Bovio,  con palabras ardiente y patrióticas…

En los Estados Unidos se hizo una propuesta al Congreso para que el gobierno protestara ante  España por el crimen sobre Cuba y el pueblo norteamericano sitió consternación ante el titular del periódico The New Jornal, que anunció la muerte de Maceo, mientras otros escritos criticaron a Wall Street, por su contubernio con España...

Fueron muchos los que en América Latina y en el mundo, expresaron su dolor por la caída del Titán de Bronce:

 

El ilustre patricio, admirado por José Martí, entrañable amigo de Cuba, líder de Pedagógico y de pensamiento de Puerto Rico, Eugenio María de Hostos, valoró la recia personalidad de Antonio Maceo, su delicadeza universal,  y sobre el inesperado deceso, dijo: “A los ojos de la posteridad, que lo verá cayendo en la siniestra oscuridad de una celada, será un símbolo…”

En un análisis de la situación, Henri Rochefort, escribió en París: “Nunca vi dolor tan espontáneo…”

Hombres de honor a nombre de sus pueblos, colocaron sobre sus pechos el luto solidario por la muerte del valerosos combatiente cubano y muchos de ellos coincidieron en la opinión de que sería insustituible y que su muerte se producía en un momento cumbre, porque la revolución de los mambises cubanos,  había vencido…

Su compañero de batalla, el respetado Jefe y amigo personal, Mayor General del Ejercito Libertador, Máximo Gómez Báez, escribió una sencilla y sentimental carta a la viuda, María Cabrales, manifestándole cuánto dolor provocaba la pérdida.

Gómez reunió a la tropa en su campamento. Ordenó posición de atención,  disparos de salva y pronunció una arenga, en la que expresaba que la Patria llora la pérdida de uno d sus más esforzados defensores. Sus palabras finales pueden suscribirse aún en este momento: “Soldados: El general Maceo ha muerto y es preciso seguir su ejemplo de bravura y heroico patriotismo en defensa de la Patria”.  

 

 

[1] Todas las referencias aparecidas en este texto fueron extraídas de la obra en tres tomos titulada ‘Antonio MACEO, apuntes para una historia de su vida, de José Luciano Franco, Editorial de ciencias Sociales, Hombre y época, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1973.